¿Son nuestros «hermanos separados» los protestantes?

Fuente

Por Monseñor José Franklin Urbina Aznar

«Evita discusiones necias,
genealogías, contiendas y
disputas sobre la Ley, porque
son inútiles y vanas. AL
SECTARIO, DESPUES DE
UNA O DOS AMONESTACIONES,
REHÚYELE, YA SABES QUE ESE
ESTA PERVERTIDO Y PECA,
CONDENADO POR SU PROPIA SENTENCIA
«
(Epístola de San Pablo a Tito, Cap. III, V. 9).

«Con la Reforma Protestante, los ingleses
rechazaron el Purgatorio y se quedaron
con el infierno» 
(J. Horne Tooke)

«Definición del Protestantismo:
parálisis hemipléjica del Cristianismo,
y de la razón
[…] El Protestantismo es
la variedad más indecorosa del
Cristianismo y la más incurable e
indestructible»
(Nietzsche)

Me resulta particularmente repugnante hablar del Modernismo, ahora llamado Progresismo, y de quienes lo propagan. Introducirme en su mundo de errores y de equívocos, de oscuridades y dialécticas morbosas que han logrado infiltrarlo a todos los niveles en la sociedad y en la Iglesia. Y así mismo de todo lo que lo ha conformado como la revolucionaria herejía llamada Protestantismo iniciada por el monje Martín Lutero en 1517 a quien se unen principalmente el Rey Enrique VIII de Inglaterra y el sacerdote Juan Calvino en Suiza.

De su propia autoridad estos tres hombres infames, se pusieron a “reformar” a la Iglesia despreciando su autoridad proclamando con desprecio la independencia de cada hombre en materia de Fe, pero así surgieron delante de ellos otros “reformadores” para continuar la obra, pero también reformando la primera reforma que ellos habían iniciado contra la autoridad de la Iglesia Católica. Y así, estos nuevos reformadores, igualmente que los primeros dijeron: Desechemos estos dogmas porque nuestra “razón” no los admite, dijeron lo mismo: Desechemos estos dogmas que estos reformadores nos quieren imponer. Si Lutero, Calvino y Enrique VIII hubiesen preguntado a los reformadores que los sucedieron: ¿Con qué derecho alteráis lo que os hemos enseñado?, ¿no sería justo que les respondieran: y ustedes con qué derecho alteráis lo que enseña la Iglesia Católica?, ¿quiénes son ustedes?

Es indudable que la Reforma Protestante fue inspirada por Satanás. Martín Lutero, en su obra PROPOS DE TABLE dice textualmente: «El Diablo conduce a los hombres primero a la desobediencia y a la traición como a Judas, después de ésa, los empuja a la desesperación de manera que acaban por colgarse y estrangularse. Pues la voz del Diablo es de un sonido tan terrible, que sucede que los hombres después de un coloquio nocturno con él, son encontrados muertos al día siguiente, lo que ha faltado poco para que a mí me suceda muchas veces, según él mismo me ha dicho».

Lutero admitía cínicamente sus conversaciones con Satanás, el cual le ordenó abolir cuatro Sacramentos. El mismo admitía en sus escritos haber aprendido muchas cosas del mismo Satanás. En su libro sobre la Misa dice: «Estando desvelado, hacia la media noche, el Demonio empezó a disputar conmigo respecto de la Misa. Escúchame, dijo el padre de la mentira, escúchame, oh sapientísimo doctor; durante quince años has celebrado Misa todos los días, ¿qué dirías si todos ésos tus actos, no hubiesen sido sino actos de idolatría?».

Del suicidio de Lutero dan fe el sabio Sédalius que publicó en 1606 el testimonio del criado de Lutero llamado Rudtfeld quien lo encontró colgado en su recámara una mañana cuando entró a despertarlo.

Otros escritores e historiadores de gran renombre afirman lo mismo: Audin «Vida de Lutero»; Lorrenz «El fin de Lutero»; Hosius, Juan Harén, Lorenzo Surius, Tomás Malvendra, Teodoro Pevtrejus, el sabio alemán Majunke, Manhart, etc.

El escritor protestante Stoddard en REEDIFICANDO UNA FE PERDIDA dice: «El Demonio desempeñó un papel muy principal en toda la vida de Lutero, y no creo que ningún mortal haya hablado en sus escritos, ni siquiera la mitad de las veces que el Reformador lo menciona. En un pequeño opúsculo lo menciona ciento cuarenta y seis veces, y todo el mundo sabe el episodio de su vida, cuando arrojó sobre el Demonio el tintero en Wartburg, pero ese episodio no es sino una de las muchas ocasiones en las que el Reformador creyó tener ante sí al mismo Lucifer. Nos dice frecuentemente que Satanás y otros demonios arguyeron con él, comieron con él, durmieron con él, y le visitaban en forma de perros de culebra, de otras bestias. Tal vez esas afirmaciones puedan atribuirse a un cerebro que ya flaqueaba, pero en todo caso, el lenguaje que Lutero usa para describirnos algunas de esas apariciones reales o imaginarias, es en demasía vulgar y grosero. No hubiera yo querido exponer con tanto hincapié estos defectos tan repugnantes del carácter del Reformador… pero tampoco era conveniente dejar a un lado por culpable negligencia, datos que en sumo grado sirven para formarnos un juicio exacto y cabal sobre cualquier persona a quien desapasionadamente queremos apreciar, porque siempre serán verdad aquellas palabras: De la abundancia del corazón habla el espíritu».

Los protestantes son tan mentirosos que igualmente ocultan por tórpidos y torcidos fines, lo mismo sus orígenes, como calumniaron durante cada minuto de su existencia a la Iglesia de Cristo, y siguen calumniándola.

Es indudable también, que la Reforma Protestante fue inspirada por el enemigo eterno del Crucificado: por el judaísmo pérfido. El afamado historiador anglófono William Thomas Walsh en su libro FELIPE II, escribe: «En el siglo XIII, cuando gozaba la Iglesia Católica de la plena floración de la civilización generosa que ella había reanimado y purificado, los judíos creaban en Troyes una extraordinaria escuela de exégesis en la que se forjaban la mayoría de los argumentos que los predicadores protestantes habían de emplear contra la Iglesia y que los «grandes críticos» de los últimos tiempos esgrimían contra el mismo corazón de Cristo. El alma y jefe del grupo era un rico judío llamado Isaac Chatelain, más bien conocido por Isaac de Troyes. Hombre docto en el Talmud, autor de poemas elogiados, dotado de las grandes virtudes judías, tal la lealtad profunda y apasionada por la familia y por la raza; pero dotado también de la intransigencia de sus antecesores, los que gritaron en una hora negra: «¡Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!»Él y su familia incurrieron en el furor de la población cristiana por los motivos de siempre. El día 24 de abril de 1288, Viernes Santo, el populacho se apoderó de ellos, despreciando sus ofrendas de oro para liberarse, y los quemaron. El terrible holocausto fue como la venganza de un largo período durante el cual los fundamentos de la Iglesia y del Estado habían sido explotados y socavados. El heroísmo de algunas de estas víctimas hace lamentar que no hubieran estado en Italia, donde el Papa y sus jerarcas, los hubieran, sin duda alguna protegido. La esposa de Isaac se lanzó ella misma a las llamas. Sus dos hijos la siguieron. Sus dos hijas fueron también quemadas, e igualmente la esposa de su hijo Alakadmenath, con Simeón el escriba de Chatillon, con Isaac Cohén, Baruch, Tob Elem de Avirey y algunos más. Rabbí Salomón, hijo de este infeliz Isaac, hizo famoso su nombre de Raschi como fundador de la escuela talmúdica de Champagne y, como jefe de ella, émulo de Maimónides. A través de Raschi las ideas de Isaac se transmitieron al Protestantismo. Fueron adoptadas en el siglo XIV, por el monje franciscano de descendencia judía llamado Nicolás de Lyra. Los argumentos de este Nicolás de Lyra influyeron poderosamente sobre Lutero, Calvino y Zuinglio. «Raschi y los torafistas formaron a Nicolás de Lyra y Nicolás de Lyra hizo a Lutero», como escribió Renán, el apóstata cristiano del siglo XIX, cuyos libros fueron pagados y publicados por judíos. Otro judío que hizo una gran labor para que fructificara la semilla de Lutero fue Elías Levita, fundador de la gramática hebrea moderna y maestro de muchos cristianos. «El con Jacobo Loans y Obadiah Sformo -observa el historiador judío Abrahams- tuvieron gran participación en el génesis de la Reforma Protestante». Sformo fue maestro de Reuchlin y de muchos más. «La llamada Reforma -dice Abrahams-, se nutrió de la sangre viva de un hebraísmo racional». «Lutero, naturalmente, empleó a varios judíos para preparar su Biblia alemana» -dice Abrahams-. Los judíos eran las gentes más hábiles para imprimir y distribuir biblias protestantes y papeles de propaganda por todos los países de Europa. No solamente las ideas de Lutero, sino todos los modos de difundirlas, eran suministrados por la fértil actividad del espíritu judío. La «Batalla de los Libros», escaramuza preliminar en la lucha de ideas que iba a comenzar en Wittenberg, no hubiera ocurrido nunca, sin la previa obra destructora del Talmud y de la Kábala».

El escritor judío Josué Jehouda en su libro EL ANTISEMITISMO, (Págs. 161 y 162), dice: «A medida que el dogmatismo teológico pierde su imperio opresor sobre las conciencias, los judíos respiran con un poco más de libertad… Si bien los judíos estaban entonces al margen de toda actividad intelectual -se refiere al tiempo de la Reforma Protestante-, y social de los pueblos cristianos, su pensamiento no dejó de desempeñar, a pesar de todos los ostracismos, un papel preponderante, aunque encubierto, y marca indirectamente con su huella lo mismo el Renacimiento que la Reforma Protestante y la Revolución -francesa-…y no es por casualidad que aquellas tentativas fueron inspiradas por el estudio asiduo de las fuentes judías en una época en que los judíos eran víctimas aún de la suspicacia y del desprecio». Y en la Pág. 164 dice: «El descubrimiento de la Kábala judía contribuyó mucho más que el retorno a las fuentes griegas… al Renacimiento. Medio siglo más tarde la rehabilitación del Talmud conducirá a la Reforma Protestante… En la principesca mansión de Pico de la Mirándola, en Florencia, se reunían los sabios judíos». Y en la Pág. 165 apunta: «Con la Reforma Protestante que estalló en Alemania cincuenta años después del final del Renacimiento, la universalidad de la Iglesia queda destruida. Empieza una nueva era».

El historiador Graetz que goza de un gran ascendiente entre los judíos escribe (History of the Jews. Edición de la Jewish Publication Society of América. Philadelphia. Año 5717-1956): «Con el retorno a las fuentes antiguas Reuchlin preconizó también el retorno a las fuentes judías. Finalmente ganó la partida al converso Pfefferkorn, el cual pedía a voces la destrucción del Talmud. El nuevo espíritu que iba a revolucionar a toda Europa se manifestó a propósito de los judíos y del Talmud. Sin embargo, la Reforma que dio a conocer la Biblia en su texto de superficie, se mostró todavía más incapaz que el Renacimiento de purificar al Cristianismo, de un antisemitismo congénito. No sin asombro se encuentran tantos antisemitas entre los protestantes como entre los católicos. La Reforma Protestante, habiendo desembocado en un callejón sin salida intelectual, adoptó el fidelismo como principio excluyendo toda posibilidad de razonar su fe… También la Reforma experimentó la atracción irresistible del «milagro griego» que dualiza el pensamiento separándolo de la fe, y adoptó sin darse cuenta el laicismo pagano que preparó el terreno al Ateísmo, el cual aparece por primera vez en la historia de los pueblos de la Revolución Francesa. La actitud claramente antirreligiosa de la Revolución Francesa se prolongó a través del Comunismo ruso y contribuyó poderosamente a descristianizar al mundo cristiano».

El historiador Barbier dice que el sello personal de Lutero tenía el símbolo de los Rosacruces, que es un elevado grado en la Masonería.

El escritor judío Enrique Heine pregunta: «Los escoceses protestantes, ¿no son ciertamente hebreos y el canto protestante no es algo de hierosolimofariseo, y su religión no es ciertamente en el fondo el judaísmo, con la diferencia de que ellos están autorizados a comer carne de cerdo?».

La Reforma Protestante, trajo un verdadero furor por el estudio de la lengua hebrea. En el siglo XVII la secta protestante de los puritanos presionó en Inglaterra para promulgar una ley que hiciera de la thora judía el Código inglés.

La ENCICLOPEDIA JUDAICA CASTELLANA, que es una obra oficial del judaísmo hablando de la opinión que tenía la Iglesia sobre el origen de las herejías medievales, nos confirma con las siguientes palabras «los judíos eran los padres de todas las herejías… De la misma manera que la Inquisición acusó a los judíos de haber instigado las herejías medievales, así todos los movimientos heterodoxos de la Reforma Protestante eran a los ojos de la Iglesia, fruto de una conspiración judía y sus iniciadores y jefes, judaizantes».

El Rabino Lewis Browne en su HISTORIA DE LOS JUDIOS, en el capítulo EL DESGARRAMIENTO DE LA IGLESIA, que por subtítulo tiene DE CÓMO LOS JUDIOS AYUDARON AL SURGIMIENTO DE LA REFORMA PROTESTANTE, escribe: «Era más que una espina. Esparcida como estaba por todas las tierras de la Cristiandad, la Sinagoga operaba en todas partes, más bien como una red de pequeñas espadas, que herían el sentido de autosuficiencia de la Iglesia. Esto explica por qué la Iglesia, no concedía descanso al judío. Era el más peligroso enemigo, ya que donde quiera que él emigraba, él fomentaba las herejías» (London MCMXXVI, Cap. XXIX, Pág. 207).

De la misma ENCICLOPEDIA copiamos también: «Los valdenses, secta que surgió hacia 1170 en Lyon bajo la jefatura de Pedro Valdo, representan aquel aspecto del movimiento bíblico, en cuyo suelo había de brotar el Protestantismo de Huss, Münzer, Zwinglio y otros reformadores de los siglos posteriores». Los valdenses se consideraban el verdadero Israel y mandaban “evangelizadores” bien adiestrados para localizar a las tribus dispersas de Israel, igualmente que lo hacen actualmente los degenerados Mormones.

El Rabino Lewis, en la obra citada, al tratar de las relaciones entre judíos y valdenses escribe (Pág. 236 a 238): «No solamente durante los siglos XII y XIII los valdenses y los judíos se agruparon juntos», en la Pág. 238 de la obra citada dice: «Al margen de la evidencia de que hubo relación personal entre los judíos de Provenza y los valdenses en el siglo XIII, existe también la evidencia de que durante el siglo XV, los husitas y los judíos estuvieron en frecuente contacto y los husitas y los valdenses, estaban ligados directa e indirectamente… Durante el siglo XVI, antes y después del comienzo de la Reforma Protestante, las relaciones personales entre los judíos y los últimos valdenses, se multiplicaron».

Antes de morir Lutero, el Protestantismo estaba dividido ya, como es natural, en más de sesenta sectas que luchaban entre ellas, y se perseguían entre ellas. Y esta situación dramática ha continuado hasta el día de hoy, en el que las sectas llegan ya a miles.

No podemos enumerarlas todas, pero una muestra será para mis lectores muy ilustrativa. La “Iglesia” Anglicana fundada por Enrique VIII, está dividida en Anglicana “Católica” (que no tiene nada que ver con la Iglesia Romana), la Anglicana Protestante, la Iglesia Alta, la Iglesia Baja y la Iglesia Ancha. La Iglesia Episcopaliana es la Iglesia Anglicana en América. La Iglesia fundada por el cura de Marteville Juan Calvino (cuyo verdadero apellido es Cauvin o Cohén) nacido en Noyón en 1509, se subdividió en Presbiteriana, Congregacionalista y Reformada. La Presbiteriana fue fundada por Knox que muchos protestantes consideraban «un hombre sobremanera cargado de vicios». Participa éste en el asesinato de un cardenal y del secretario particular de María Estuardo. Se divorcia y se casa ya pasando los setenta años con una niña de 16. Es harto conocido por su gusto por las niñas de corta edad. El protestante Teodoro de Beza decía: «Fue un sacerdote condenado por hereje y privado de sus privilegios. Fue cómplice en la muerte del Cardenal Beatón, Arzobispo de San Andrés». Por este crimen fue condenado a las galeras de donde escapa para vivir huyendo por años. Decía: «Todo cristiano evangélico llegado el momento propicio tiene el derecho de matar a los idólatras del Papa de Roma». En los Estados Unidos hay varias sectas presbiterianas, entre ellas la Presbiteriana de Cumberland, Presbiteriana de Estados Unidos y los Presbiterianos Unidos de Norte América. La secta Reformada, solamente en los Estados Unidos se subdividió en cuatro grupos, entre los que están la Reformada de América y la Reformada Cristiana. De esas, han venido muchas otras. De la Iglesia Anglicana de Inglaterra, viene la Iglesia Bautista, fundada por Juan Smith, expastor de la Iglesia anglicana, por lo cual tuvo que huir de Inglaterra y fue a refugiarse en Amsterdam en 1606. Enrique VIII los persiguió furiosamente. Perseguidos sin piedad en 1648, protegidos por Cromwell, perseguidos nuevamente bajo Carlos II y Jacobo II, fueron por fin y hasta la fecha reconocidos por Guillermo III. Entonces, pudieron venir a los Estados Unidos. Roger Williams fundó la primera misión en Providence, Rhode Island después de haber sido perseguido y expulsado de Massachusets por las otras sectas protestantes dominantes.

Del movimiento bautista, también salieron dos sectas importantes, como antes salieron los anabaptistas y los bautistas del anglicanismo. Estas son los Discípulos de Cristo fundado en 1810 y los Adventistas fundados en 1845. En los Estados Unidos, hay dos grandes ramas de los bautistas: Bautistas del Norte y Bautistas del Sur. Los del sur son fundamentalistas y considerándose los auténticos, condenan a los otros. Los bautistas se subdividieron en incontables sectas, con doctrinas diversas y hasta contrarias. Algunas de esas sectas son: Nuevos Bautistas, Bautistas Libres, Bautistas Separados, Bautistas Serafines, Bautistas Conservadores, Bautistas Apacibles, Bautistas Pequeños Niños, Bautistas Gloria, Bautistas Aleluya, Bautistas Cristianos, Bautistas Brazo de Hierro, Bautistas Generales, Bautistas Escoceses, Bautistas de la Nueva Comunión, Bautistas Particulares, Bautistas Evangelio, Bautistas Bíblicos, Bautistas del Séptimo Día, Bautistas Negros (divididos en varias sectas), Bautistas Libre Voluntad, Bautistas Primitivos. Los anabaptistas están subdivididos en por lo menos 40 sectas más. Todas estas subdivisiones, han dado origen a otras tantas hasta hacerse el número de ellas, verdaderamente incontable.

La Iglesia Anglicana de Inglaterra, también ha dado origen a otras sectas de cierta importancia: los Puritanos, los Cuáqueros o tembladores y la Iglesia Metodista. Los metodistas fueron fundados por Juan Wesley en 1739, quien mezcla doctrinas anglicanas y calvinistas. De ellos han salido 19 sectas distintas y de estas primeras, muchas más. Sólo en los Estados Unidos, los metodistas están divididos en varias sectas: Metodistas del Sur, Metodistas Negros, Metodistas Colorados, Metodistas Protestantes, Metodistas de Sión, etc.

Hay sectas como la de los Pentecostales, Milenaristas, de Curación y las llamadas «radicales» que son nacidas de otras denominaciones mayores y son también llamadas «sectas de santidad». A estas pertenece la Iglesia del Nazareno, o la Iglesia Peregrina de la Santidad fundada por un ministro metodista. Otras sectas pentecostales son: Iglesia de Dios, Iglesia del Evangelio Cuadrado, Asamblea de Dios, Los Inquebrantables. Las sectas pentecostales negras, predican que el Mesías era negro y llegan a deformaciones doctrinales. Hay sectas también de Científicos Cristianos, y la llamada Iglesia de Cristo Cientista fundada por Mary Baker Glober Patterson Edy en 1910. Al morir ésta, ya había construido más de 660 “iglesias” servidas por 1336 ministros. De ellas han salido otras sectas como la llamada Ciencias Espirituales. Su voracidad por arrancarle a la Iglesia Católica fieles llega al grado de que a sus templos los han llamado Centro Espiritualista Trinitario Mariano. A mediados del siglo XX, se fundó en New York la secta de los Discípulos Amados formada por exclusivamente “homosexuales”. El día de su fundación marcharon por la 5a. Avenida, saliendo de la Iglesia Episcopal Central.

Entre las sectas llamadas radicales, están los Menonitas y el Ejército de Salvación. Es de reciente fundación el Movimiento de Rearme Moral.

Los Mormones, o Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, tienen además de la “Biblia”, -a la que menosprecian y deforman-, otros libros a los que dan igual valor: la Perla de Gran Precio y el Libro del Mormón. La poligamia es un artículo de fe para ellos y dicen que esto tiene bases en las sagradas Escrituras. Fue fundada esta secta por José Smith que era hijo de un campesino de Vermont en 1830. Smith, hombre enfermo, padecía de alucinaciones. Cuenta que el ángel Moroni le había revelado que en el monte Cumorah había un cofre con unas planchas de oro que completaban el Antiguo como el Nuevo Testamento. Smith dijo luego que San Juan Bautista se le había aparecido para darle el sacerdocio de Aarón y que Pedro, Santiago y Juan lo habían hecho sacerdote según el orden de Melquisedec lo mismo que a su compañero Cowderey. Cambiaron palabras del libro del Génesis, para que así anunciara la llegada de José Smith y del Libro del Mormón. Estableció en Ohio lo que él llamaba la «Nueva Jerusalén». Compró allá tierras y construyó un templo, pero sus costumbres inmorales, terriblemente corruptas, lo hicieron fracasar. Lo salvó Brighan Young con su elocuencia y labor. En 1835 constituyeron lo que llaman «Los Doce Apóstoles» destinados a misionar entre los “gentiles”. En Illinois fueron admitidos por un partido político a quien interesaban sus votos. Esto fue en 1840. Fundaron, entonces, una ciudad llamada Navoo que obtuvo ser independiente. Sin embargo, los habitantes de los alrededores no pudiendo soportar los excesos, escándalos y bacanales del hombre que decía haber tenido autorización celestial para la poligamia a ejemplo de los Patriarcas bíblicos, se sublevaron contra él y fue apresado con su hermano Hirum y en la noche del 27 de junio de 1844, una turba de hombres, -maridos, padres, hermanos ultrajados- entró a la cárcel de Cartague y los linchó a los dos, a Smith y a su hermano. Por esto, para los mormones, Smith es un mártir. Cuando Brighan Young -el defensor de Smith- murió en 1877, dejó una enorme fortuna, 25 viudas y más de 40 nietos. Todavía en 1907, José Smith, nieto del «profeta» que se llamaba como su abuelo, era abiertamente polígamo y cuando nació su nieto 43, fue condenado a pagar 300 dólares de multa. En 1838, la secta organizó una policía secreta para cuidar el comportamiento de todos sus miembros.

En el periódico norteamericano Newsweek, del mes de enero de 1970 se publicó sobre los mormones lo siguiente: «Conforme a los antiguos papiros egipcios descubiertos en las envolturas de una momia y luego interpretados por el Profeta mormón Joseph Smith, todos los negros son los descendientes malditos de Caín. Por consiguiente, de acuerdo con la teología mormona se concluye que los negros no son dignos de ser sacerdotes de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Tiempos, ni tampoco dignos de gozar del Cielo».

El escritor protestante Gordon H. Frazer dice que el mormonismo es una plaga anticristiana: «El único medio seguro de deshacerse de ellos, es negarles la entrada a la casa». De su libro ¿Es cristiano el mormonismo?, -del protestante Frazer-, vamos a tomar las siguientes palabras que nos demuestran la abyecta corrupción moral y doctrinal a la que han llegado -como en este caso los Mormones que tomamos al azar- una infinidad de sectas protestantes. Dice Frazer (Pág. 62 y sigs.): «Los Mormones enseñan que Jesús fue el hijo natural de Adán y de María… Los Mormones enseñan que el hombre no se salva por medio de la obra redentora de Cristo, o como resultado de la sangre que vertió en el Calvario… creen que Jesucristo era polígamo… enseñan que Jesús tuvo hijos antes de ser crucificado… usan el nombre de Jesucristo en el título de su iglesia, pero cualquier cristiano con discernimiento en seguida se da cuenta que éste no es el Jesucristo a quien nosotros adoramos como el eterno Hijo de Dios que murió por nuestros pecados… ni tampoco es de los Mormones el Salvador de quien habla Pablo…» Igualmente Frazer nos ilustra sobre La creencia de los Mormones sobre la santísima Trinidad. Escribe que basados en una revelación de Smith, el Padre tiene un cuerpo de carne y hueso, y que el Hijo tiene también un cuerpo de carne y hueso. Pero no el Espíritu Santo, porque si no fuera así no podría morar en nosotros. Esto está tomado del libro de José Smith Doctrinas y Pactos, 130:22.

El Diario Exelsior de la ciudad de México, publicó el 20 de febrero de 1970 la siguiente nota: «A.F.P. CINCO MIL MOVIMIENTOS CISMÁTICOS EN AFRICA. A partir de 1860, se produjeron cinco mil movimientos cismáticos en las iglesias de 34 países africanos. Tal revelación está contenida en un largo estudio sobre el fenómeno de las iglesias de Africa distribuido por la agencia periodística FIDES, que se basa en datos publicados por el servicio ecuménico de prensa y de información. Esta extraordinaria cantidad de cismas afecta a las iglesias protestantes, a excepción de la Iglesia Católica Romana. Los movimientos cismáticos fueron particularmente agudos en las zonas de misiones anglicanas, 49 iglesias independientes y reformadas 46, mientras que el porcentaje es menor en las pentecostalistas y adventistas. Las mujeres provocaron directamente el inicio de esos cismas, como la Iglesia Deimatista de Lau y la Iglesia Lumpa de Alicia Lenshira».

Hay otras sectas surgidas de esta inmensa conflagración: los Revivalistas, fundados por un ex-futbolista llamado Billy Sunday. En uno de sus sermones decía: «María era una de esas mujeres que saben a galleta Unneda, a cacahuate con mantequilla, a gelatina con pimienta. Marta era bistec, patatas con jamón, conserva de manzana o peras, un pastel relleno de queso. Así es que cada uno escoja lo que le parezca. Yo prefiero a Marta, ¡hurra por Marta!» (Literary Digest, abril 24 de 1915). También otras son: Metodistas Episcopalianos fundados en 1789; Episcopalianos de Sión, 1821; Sínodo Luterano, 1872; Metodistas Episcopalianos Negros, 1870; Luterana Unida, fundada en 1918; Swedenborgiana, 1700, que creen que su fundador Swedenborg hizo un viaje al Cielo donde recibió la revelación; Presbiteriana de los Estados Unidos, 1865; Presbiteriana Unida Estadounidense, 1889; Movimiento Adventista, 1833; Iglesia Congregacionalista; Iglesia de los Hermanos, 1719; Discípulos, 1915; Hermanos Unidos, dividida solamente en los Estados Unidos por dos sectas más; Estudiantes de la Biblia; Universalistas; Bahaístas; Metodistas Weeleyanos; Metodistas Libre Evangelio; Novotestamentarios de Cristo; Novotestamentarios Reformados; Iglesia Independiente de Cristo; Pentecostal de Escocia; Iglesia de Cristo de Santidad; Misión Pentecostal; Pentecostales Reformados; Pentecostales de los Últimos Tiempos; Pentecostales Universales; Pentecostales Estudiantes; Libre Evangelio Mariano. En Rusia funcionan sectas como: Voznesentsi, Innokentievsti; Murashtovtsi; Ejército de Cristo; Krasnodrakonovsti o del Dragón Escarlata; Fedorovstsi; Chernokhristovsti; Molchalniki, etc. Fundadas en México son la Iglesia de Santidad de los Peregrinos, la Iglesia de Cristo, la Iglesia Evangelio Mexicana y la Luz del Mundo entre otras.

También hay cuatro grupos de Evangelistas Amigos; Dunkers divididos en cinco grupos; la Ortodoxa de los Amigos; Iglesias Federadas; Luterana Unida de América; Luterana de Noruega; Conferencia Sinódica Luterana; Evangélica de América; Cristianos; Sínodo Augustano Luterano Evangélico de América, etc.

Con el nombre de las siguientes sectas, no se sabe si debe uno llorar o reír: Tahúres, Bautistas de los Seis Principios, Agapemones, Creyentes Maptised, Angelicales Cristianos Libres, Evangelio Libro y Hermanos Cristianos, Cristianos del Libre Evangelio de Gracia, Banda de Gloria, Banda de Aleluya, Sociedad Espíritu Santo y Nosotros, Brincadores Sagrados, Gente Peculiar, Vociferantes, Cristianos Racionales, Religionistas Recreativos, Bautistas del Libre Albedrío, Bautistas Generales Nueva Conexión, Unión Vida y Adviento -que se parece al lema progresista «Ven, vive y convive»-, Menonitas del Viejo Amish, Phaedo-Bautistas, Bailarines Pentecostales, Pilares de Fuego, Iglesia Episcopal Refinada, Refinados Menonitas, Iglesia del Consuelo, Cristianos del Adviento, Zumbadores, Familia de Amor, Cristianodélficos, Connutes, Firmantés del Pacto Escocés de la Reforma Religiosa, Adventistas del Tiempo por Venir, Menonitas Amish; Cameronianos, Campbellistas, Eliasitas, Dowisitas, Hicksitas, Hiper-Calvinistas, Irvinguitas, Jezraelitas, Milleritas, Moravianos, Schwenckeldianos, Socinianos, Metodistas de la Temperancia, Benevolentes, Bryanitas, Eclécticos, Glassitas, Misioneros de la Esperanza, Inghamitas, Kilhamitas, Progresionistas, Mugletonianos, Trinitarios Protestantes, Secularistas, Separatistas, Sociedad de Salem, etc.

El escritor y pastor protestante Higinio Giordani en su libro «Crisi Protestante e unita della Chiesa» Pág. 19 y 20 dice: «Cuando se leen los nombres de las diferentes sectas en que se subdivide la «Iglesia de Cristo» (la «Iglesia de Cristo», es sólo una denominación protestante como puede ser la Presbiteriana o la Bautista), como son: Iglesia de Dios (original), Iglesia de Dios original (sólo el paréntesis la hace ya otra secta), Iglesia de Dios de Cristo, Iglesia Apostólica, Ventura de Dios, Iglesia de Dios en los Santos de Cristo, Iglesia de Dios Vivo, Iglesia de Dios Organizada por Cristo, Libre Iglesia de Dios en América, Iglesia de Dios en Anderson, Ind., repito, cuando se leen estos títulos, no sabemos si llorar o reír». ¡Estamos de acuerdo!

En el año de 1870, solamente en la ciudad de Londres, Inglaterra, habían más de cien sectas protestantes peleándose entre sí. Voy a enumerarlas: Anglicanos, Colegíanos, Hacientes, Lagrimantes, Indiferentes, Multiplicantes, Bramantes, Tembladores, Shaqueros, Saltadores, Groaners, Metodistas, Wesleyanos, Wifelianos, Milenarios, Adamistas, Racionalistas, Generacionistas, Sonthestistas, Anabaptistas, Adiaforitas, Gedeones, Entusiastas, Pneumáticos, Brownistas, Interimitas, Menonitas, Berboritas, Calvinistas, Evangélicos, Lavadistas, Luteranos, Lutero-Calvinistas, Bautistas, Lutero-Bautistas, Universales-Bautistas, Meincerianos, Sabbatarianos, Puritanos, Armenios, Socinianos, Swinglianos, Calvino-Swing1ianos, Osiandrianos, Lutero-Osiandrianos, Sterinianos, Presbiterianos, Anti-presbiterianos, Stareninianos, Lutero-Swinglianos, Syneretinianos, Synerginianos, Ubiquistianos, Pietistianos, Bonakerianos, Versechorianos , Latitudinarios, Cesederianos, Burrignonianos, Camisarienses, Glasinienses, Sandemanienses, Hertchonsianos, Cameronianos, Filisteos, Mariscalianos, Hopkinsinianenses, Necesarianos, Eduardianos, Priestianos, Relief-Cecedrianos, Burgerienses, Anti-Burgerienses, Bereanianos, Ambrosianos, Moravos, Monasterianos, Antimonienses, Anomenios, Munsterianos, Glancularios, Grubenharios, Staberios, Bacularios, Nuperales, Sanguinarios, Confesionarios, Unitarios, Trinitarios, Anti-trinitarios, Convulsionistas, Anti-convulsionistas, Impecables, Alegrines, Asperones, Taciturnos, Anti-demoníacos, Llorones, Libres, Concubinos, Apostólicos, Espirituales, Olleros, Pastoricidas, Conformistas, No-conformistas, Episcopales, Místicos, Concienzudos, Socialistas y Puseístas.

¡Basta! Ni puedo enlistar los nombres de miles de sectas, ni deseo aburrir a mis lectores con tantas tonterías. Era necesario abundar un poco, sin embargo, para que se valorara la degradación a que han llegado las sectas salidas de lo que dicen que fue la Reforma del siglo XVI y que ahora desde el C. Vaticano II, nos quieren endilgar como «hermanos separados». No es necesario aclarar, creo, que cada una de las sectas enumeradas y todas las demás que forman una muchedumbre espantable, tienen distintas doctrinas, producto de que cada uno de sus fundadores, interpretando libremente las sagradas Escrituras, como Lutero proclamó, impuso su opinión retorcida a sus seguidores.

El autor protestante Van Baalen dice en su libro EL CAOS DE LAS SECTAS: «Los fundadores de la mayoría de las sectas más populares… no son que digamos gente de una erudición consumada; antes al contrario, más que frecuentemente son chapuceros que descubren una idea y luego la refuerzan y la apuntalan con recursos de muchos otros campos». Yo no veo absolutamente ningún motivo para no decirles chapuceros no solamente a los fundadores de las sectas más populares, sino a todos los fundadores de todas las sectas protestantes. ¿Cuál es el límite para calificarlos en esta forma?
El “ilustrísimo” protestante Teodoro de Beza, en su carta a Andream, le dice: «Estoy viendo a los nuestros ir a derecha e izquierda, errar a todo viento de doctrina. Lo que piensan hoy de la religión pueden saberlo, pero lo que pensarán mañana te será imposible afirmarlo. ¿Sobre qué punto de la doctrina están de acuerdo las iglesias que han declarado la guerra al Romano Pontífice? Examínalo todo de principio a fin y apenas encontrarás una cosa afirmada por uno de ellos, que luego lo califique el otro de impiedad».

El mismo Martín Lutero en una carta a Zwinglio le decía: «Si el mundo todavía dura algún tiempo, las infinitas y distintas interpretaciones que se habrán dado a la Escritura, nos obligarán para conservar la unidad de la Fe, a recibir de nuevo los decretos de los Concilios y a refugiarnos en la Silla de Roma y sus decisiones».

El “obispo” Saint David protestante, definió al Protestantismo como «la abjuración del papado» y Hegel, otro famoso protestante, decía de ellos: «Se han unido en la nulidad».
Lutero se asustaba del monstruo que creó y que el deán anglicano Farrar en su libro THE BIBLE, ITS MEANING AND SUPREMACY (Pág. 128-129) proclama con orgullo: «A fin de discernir, dice, la palabra de Dios contenida en la Escritura, debemos investigar y escoger aquello que satisface nuestra razón; pues solamente nuestro juicio privado es el último tribunal al cual podemos apelar para conocer qué partes, qué sentencias, qué interpretaciones de la Biblia podemos y debemos aceptar». Años antes Lutero proclamaba: «Derribemos toda esa vieja armazón de la antigua ortodoxia de las escuelas de Teología, de la autoridad de los Padres de la Iglesia, de los Concilios, de los Papas, del consenso de los siglos y no admitamos más que la santa Escritura pero con la condición de que tendremos derecho de interpretarlas y entenderlas del modo que nos parece conveniente».

Pero se puede pensar que la revolución protestante fue solamente doctrinal y no hay error más grande. El génesis del Protestantismo está manchado de sangre. Los crímenes más horrendos, el saqueo, la destrucción, el odio, se fueron extendiendo por toda Europa, fomentados por los mismos iniciadores de esta diabólica conflagración. «¿Por qué decía Lutero, no nos abalanzaremos con todas nuestras fuerzas contra estos maestros de perdición: el Papa y los Obispos, sin cejar en la demanda hasta que nos lavemos las manos en su sangre? Si pereciereis en la lucha antes que la Bestia sea degollada, un solo pesar debe quedaros en el corazón: el no haber podido clavarle en el pecho un puñal por vuestra propia mano. Es menester tratar como a hato de ladrones a todos aquéllos que defienden al Papa, ya sean reyes, ya emperadores». También decía: «El Papa y los Cardenales deben ser exterminados, y como blasfemos que son, deberían sus lenguas serles arrancadas por la nuca y enclavadas en las horcas» (Ver: Wider das Papsthum za Rom. 1945, 130).

Erasmo de Rotterdam escribió lo siguiente: «Ya no se requiere la confesión auricular, por lo que la gente ya no se confiesa ni siquiera a Dios. El ayuno y la abstinencia han caído en desuso y el pueblo se entrega a la borrachera».
Lutero reconoce: «Vemos que la gente se vuelve más infame y cruel; más avarienta y lujuriosa y peor en todos los órdenes que cuando estábamos regidos por el papado». A la ciudad de Wittemberg la llama una «Sodoma de inmoralidades» y que aunque la mitad de sus habitantes «son adúlteros, usureros, ladrones y engañadores, las autoridades se cruzan de brazos».
El obispo protestante Pilkington dice: «Hemos roto las ligaduras que nos sujetaban a Roma y al Papa para vivir a nuestro capricho, sin que nadie nos acuse, y cuando los ministros se oponen a nosotros y quieren corregirnos, nos mofamos de ellos. Para mí tengo que el Señor se va a irritar un día y va a tomar venganza con su mano».
Decía Lutero: «Desde que se ha predicado nuestra doctrina, el mundo se ha ido haciendo cada vez más ateo y más desvergonzado; los hombres son más avaros y deshonestos que lo fueron bajo el papado; só1o se ven por todas partes ambiciones inmoderadas, verdaderamente devoradoras, lujuria escandalosa, desórdenes y odiosas pasiones» (Dollinguer, REFORMATION, Vol. I , P. 289). Melanchton decía: «La moral del pueblo ha ido de mal en peor. Lujuria y sangre humana están aumentando» (EPISTOLAS, I, 4, 100 y 209).

En medio de este descomunal pandemónium Lutero -que vive en amasiato con Catalina Bora, monja robada de un convento por su amigo Koppe, que dirige el saqueo y el rapto y a quien llama «bendito ladrón»– declara: «Yo, Martín Lutero, condené a muerte a todos los campesinos en rebelión; que todos ellos deberán sufrir la pena de muerte, fui yo quien lo dijo; toda su sangre pesa sobre mi cabeza, pero yo la arrojo sobre el Señor Dios que me mandó hablar de esta manera». (Werke, Erl. edition, lix, pág. 284 TABLE TALK; Grisar Vol. III, pág. 213).

En 1553 escribió Farel a Calvino: «Ya que el papa excomulga a nuestros fieles, es muy justo que nosotros condenemos a muerte a los católicos para robustecer a nuestros fieles».

Teodoro de Beza decía: «Magistrados cristianos, cumplid con vuestro deber, y servid a Dios que ha puesto en vuestras manos la espada para que salgáis por Su honor; herid con valentía a los monstruos disfrazados de hombres» (Vacandard, The Inquisition, págs. 222 – 224).

Y mientras cientos de miles de familias y ciudades, estaban sumergidas en el horror, en el llanto, en la sangre y en la miseria., Lutero proclama: «Yo vencí al Papa, porque mi doctrina es la de Dios y la de él es la del Demonio… no hay ningún ángel en el Cielo y mucho menos hombre alguno sobre la Tierra que pueda ni se atreva a ser juez de mi doctrina: el que no la adopte no puede salvarse y quien no crea lo mismo que yo, está condenado al Infierno… maldeciré desde el Cielo a todos los que estén contra mí, porque yo soy más sabio que el mundo entero. A este Evangelio que he predicado yo, el Dr. Martín Lutero, deberán ceder y someterse, el Papa, los obispos, los sacerdotes, los monjes, los reyes, los príncipes, el demonio, la muerte, el pecado y todo, menos Jesucristo: nada podrá impedirlo. Afuera, pues, todo lo que estorba el camino porque he aquí que viene el que a nada cede» (Ver: T. II, pág. 40 edición de Witt. germ; T. VII, pág. 56, Ed. Witt; Fitz-Wi1iams, Cartas de Atico, pág. 119). También decía: «Quienquiera que enseñase otra cosa de lo que yo enseño, sea condenado por Dios y permanezca por siempre hijo de los infiernos» (Samtliche, Werke, XXVIII, 1974).

Mayor estupidez no se ha escrito, porque, ¿cómo quiere Lutero que todos crean lo que él ha enseñado, si él enseñó que todos tienen la libertad para interpretar la Biblia como les inspira el Espíritu Santo? Si se refería al decir que todos deben creer lo que él cree, a la libre interpretación, entonces los resultados son óptimos. Miles de sectas que encontradas unas de otras, se condenan y se persiguen furiosamente, es el lógico resultado.

El historiador protestante inglés William Cobbet, en su HISTORIA DE LA REFORMA PROTESTANTE, dice: «…lo mismo que los demás proyectos relativos a los pobres, proyectos tan crueles como disparatados, debe ser imputada a la Reforma Protestante, a esa grande y verdadera fuente de la pobreza, de la miseria y de la degradación que, desde que desgraciadamente se introdujo, ha agobiado a la grande masa del pueblo; sí, amigos míos, a la Reforma. Ella es en efecto, la que ha despojado de su patrimonio a la clase trabajadora y le ha arrebatado lo que la naturaleza y la razón le habían asignado; ella, la que le ha privado de un socorro que le pertenecía por un derecho imprescriptible que las leyes divinas y humanas le habían confirmado; y ella, la Reforma Protestante, en fin, la que en su lugar ha establecido un sistema coactivo intolerable y contra lo natural, que se dirige a crear un odio continuo entre los pobres y los ricos, en lugar de unirlos por los vínculos de la Caridad cristiana, como lo hacía la Religión Católica. ¿Qué cosa mala ni monstruosa hay que no haya producido la tal Reforma Protestante?»

Puede asombrar a cualquiera leer esto de la pluma de un protestante, pero eso se debe creo al peso tan grande de la evidencia histórica que en general el pueblo que cae en las redes de Lutero ignora.

Pero el historiador William Cobbet, no es el único protestante famoso que ha hablado contra el Protestantismo. El Dr. Hoeningaus, escribió una obra intitulada RESULTADO DE MIS EXCURSIONES POR EL CAMPO DE LA LITERATURA PROTESTANTE, y en ella podemos encontrar mil ochocientos treinta y siete testimonios contra el Protestantismo de distintos y famosos autores, todos ellos de religión protestante. El mismo Hoeningaus dice alarmado: «El espíritu anticristiano habla sin rebozo. Si bien tenemos la Biblia por regla de fe, no me atrevo ya a decir cómo se la interpreta: nuestras mismas universidades van tan lejos que temo que estén labrando su propia ruina, pues cuando la sal pierde su sabor, se la tira y se pisotea, y de seguro el Diablo tiene más fe que muchos de nuestros doctores. Mahoma mismo era mejor que ellos. Entre los turcos no habría uno capaz de blasfemar públicamente de Jesucristo, Abraham, Moisés y los Profetas, y entre nosotros hay muchísimos cristianos que lo hacen con sus palabras y escritos. Solamente los que explican como hechos naturales los milagros del Nuevo Testamento formarían una legión y sus adeptos son tan numerosos como las estrellas del firmamento». Sigue diciendo que muchísimos de los sermones que se oyen en los templos protestantes, podrían ser dichos en una sinagoga judía o en una mezquita turca, solamente quitando el nombre de Cristo, que sólo se dice por «mera fórmula».

LA PERSECUCION ENTRE LAS MISMAS SECTAS PROTESTANTES.

Se puede pensar que el primer cisma de la Iglesia Católica y la infinidad de divisiones posteriores solamente se dieron en el campo de la doctrina, pero esto no es así. La Revolución luterana trajo mucha sangre y mucha desgracia y mucho horror entre todos aquellos que se vieron envueltos, queriéndolo o sin quererlo, en esta conflagración. Los protestantes son gente violentísima y así lo demuestran apenas tienen la menor oportunidad. En el año de 1556, el Pfalsgraf, Otto Heinrich, declaró que la doctrina de Lutero era la única que podía ser profesada en su territorio, pero su sucesor Federico III tres años más tarde, condenaba la doctrina de Lutero y declaraba que la única que en ese territorio se podía profesar, era la de Juan Calvino. Los antes perseguidos por Heinrich y sus partidarios, se abalanzaron entonces contra los luteranos y los persiguieron y los mataron en igual forma que antes había sucedido con ellos. Pero en 1576, Ludwing, hijo del anterior restableció el credo de Lutero después de haber perseguido, encarcelado y matado a todos los ministros de la iglesia de Lutero y a sus seguidores. Luego, en 1583, Juan, hermano de Ludwing restaura el Calvinismo en la misma forma cruel y sangrienta que los anteriores. Y así tenemos que la pobre gente del pueblo, se vio obligada a cambiar nuevamente de religión bajo pena de muerte. En menos de cuarenta años, el pueblo fue obligado a cambiar cuatro veces de religión, sin contar la primera apostasía del Catolicismo al protestantismo.

En Sajonia, se desterraba a los católicos y a los swinglianos que no estaban de acuerdo con Lutero, y a los anabaptistas se les encarcelaba para esperar su condena a muerte. Muchas veces se les encerraba en jaulas pequeñas en las que con dificultad cabía un hombre, a varios metros del suelo, y en ellas morían y sus cuerpos se desintegraban y caían a pedazos. El autor Henry Kamen, en su libro LOS CAMINOS DE LA TOLERANCIA, incluye una foto de estas jaulas, -que aún se conservan- colgadas de la iglesia de San Lambert (Pág. 72, Editorial: Biblioteca para el hombre actual. Guadarrama, 1967).

A Tomas Muntzer, fundador de los anabaptistas, los luteranos lo decapitaron. Al sabio Miguel Servet, descubridor de la circulación de la sangre, Calvino lo mandó a la hoguera. Melanchton escribió a Calvino en 1554: «Estoy enteramente de acuerdo con la muerte de Miguel Servet en la hoguera, y declaro que tus jueces han obrado cuerdamente y han sido muy sabios al condenar a muerte a este blasfemo». ¿Y cuál había sido la blasfemia de éste?, declarar que la sangre circulaba por el cuerpo.

Justo Sierra, que no puede ser calificado como católico, escribió en su HISTORIA GENERAL: «Pocas veces ha presentado la civilización en sus anales, un tipo más completo de abominable tiranía que el creado por Calvino, que persiguió a la sexta parte de los habitantes de Ginebra y condenó al destierro o al cadalso a la treinta y sieteava parte de ellos».

Y Rousseau en CARTAS DE LA MONTAÑA decía de Calvino: «¿Y quién fue más cortante, más imperioso, más decisivo, más dinámicamente infalible que Calvino, para el cual la más ligera oposición era siempre una obra digna de Satanás, un tremendo crimen merecedor del fuego?, ¡yo creo que es Dios!». Entre 1558 y 1559 solamente, hizo ejecutar a algo más de quinientas cincuenta personas de toda edad y condición.

Un protestante de Ginebra llamado Galiffe escribió: «Estableció el reinado de la intolerancia más feroz. Faltaba sangre a aquella alma de cieno para amasar su crimen».

En 1564, muere Calvino debido a una úlcera agusanada y apestosa. En la actualidad se ignora el lugar de su tumba.

Como antes ya dije, la Iglesia Anglicana cuyo jefe y fundador fue el Rey Enrique VIII, persiguió a los bautistas, al separarse de esta “iglesia” su fundador Juan Smith y se refugió en Amsterdam en 1606. Perseguidos en 1646, protegidos por Cromwell, perseguidos por Carlos II y Jacobo II, y al fin protegidos por Guillermo III. Esta es una historia de cárceles, de sangre y de cadalso. Vienen a América, y las sectas protestantes dominantes los persiguen.
El escritor racionalista Buckle en HISTORIA DE LA CIVILIZACION (Vol. I, Pág. 308) dice que en la Inglaterra anglicana: «sus obispos presenciaban con sangre fría y litúrgica compostura, las más repulsivas crueldades, porque sus víctimas eran opositores a la Iglesia de Inglaterra, y aunque las multitudes mismas estaban llenas de terror y de asco, los obispos no protestaban». Uno de los tormentos varios a que eran sometidas las mujeres llevadas al cadalso consistía en una especie de espéculo parecido al usado por los médicos ginecólogos, pero de hierro y lleno de erizadas puntas, que introducían en la vagina para luego abrirlo por medio de una tuerca, hasta que las entrenas de la ajusticiada quedaban despedazadas. ¡Esto lo hicieron los protestantes contra las otras sectas protestantes y contra los católicos! No puede ser imputada tal crueldad ni siquiera a la Inquisición en las páginas de sus más grandes calumniadores.

A los presbiterianos, también los persiguieron sus hermanos protestantes. Tuvieron que huir a los montes donde vivieron miserablemente. No es extraño que colonias enteras de muchas sectas, hayan venido a América a formar colonias, pero aquí en América, unos y otros consideraban a los contrarios hijos del Diablo.

El caso de los cuáqueros es clásico. Por todas las cárceles de Inglaterra e Irlanda había más de mil presos. Al ser coronado Jacobo II, esa población superaba los 1,400. Jorge Fox tuvo que sufrir toda clase de torturas y persecuciones de los mismos protestantes de distintas sectas. Se escapó a América, y miembros de otras sectas lo persiguieron en todas las formas posibles, hasta que un día, una chusma lo apedreó y golpeó salvajemente hasta dejarlo tendido en un charco de sangre porque lo creyeron muerto. Luego que se recuperó, siguió sufriendo toda clase de calamidades por manos de otros protestantes que en Europa pedían a gritos la tolerancia.

En Massachusetts, por ejemplo, la pena para un cuáquero convicto de herejía, era perder una oreja. Se le cortaba la otra oreja si era sorprendido nuevamente practicando o predicando la creencia de su secta. La tercera vez, la lengua le era taladrada con un hierro al rojo. La cuarta vez se le mataba.

En 1750, un viejo fue azotado hasta dejarlo medio muerto, por no haber asistido al culto de una secta congregacional. Esto se puede leer en HISTORIA DE LAS IGLESIAS AMERICANAS de Wilberforce, pág. 146.

El Salem, los protestantes colgaron y quemaron a muchísimas gentes que acusaron de brujería, y en Charlestwon trituraron entre dos piedras enormes a un anciano pastor protestante. Esta pena había sido ordenada por los pastores de su misma secta en Boston.

Es famoso Jhon Wesley, fundador de los metodistas, por la forma terrible en la que persiguió a toda persona que se pensó que practicaba la brujería. Él ordenaba que una vez probado el cargo, se ejecutara la sentencia sin darle tiempo al reo de arrepentirse. A este respecto, el libro de Longfellow LAS TRAGEDIAS DE NUEVA INGLATERRA es harto elocuente e ilustrativo.

El historiador protestante Hallam en su HISTORIA CONSTITUCIONAL dice: «La persecución es el pecado original de las iglesias de la Reforma Protestante. Y esta triste nota enfría el celo de todo hombre honrado por su causa, a medida que extiende más sus lecturas y sus conocimientos históricos» (Vol. I, Cap. II).

Rousseau también decía: «La Reforma fue intolerante desde su cuna y sus fundadores fueron todos insignes perseguidores».

Y Augusto Cómte que es el fundador del positivismo dice: «La intolerancia del protestantismo, ciertamente no era menos tiránica que la intolerancia tan reprochada del Catolicismo».

En su libro LAS PARÁBOLAS DE CRISTO, el escritor argentino P. Leonardo Castellani, dice: «Cuando los novadores del siglo XVI, en la revolución religiosa más vasta de la historia, cortaron el nudo central del cristianismo, voltearon la puerta, y se fueron a edificar sobre arena llena de pedruscos, algunos doctores católicos horrorizados dijeron que era esa la herejía última y total; que no se podía ir más allá en materia de herejía; y con razón en cierto sentido, pues por esa brecha pueden entrar todos los errores religiosos; como de hecho entraron. Del seno del Protestantismo nórdico nació el Filosofismo o Deísmo, y luego el Liberalismo que contagiaron a los países latinos; más tarde el Comunismo que triunfó en la región religiosamente devastada por el cisma griego; y en el seno de estos errores nació el Modernismo -llamado ahora Progresismo-, teológico (o naturalismo religioso, o «aloguismo», o como quieran llamarle) que por todas partes comenzó a ablandar como ácido la Fe, sino la misma razón incluso; por lo cual Belloc lo bautizó «aloguismo». No era, pues, el Protestantismo la herejía total; se podía ir más allá, pues de hecho se fue. Pero ahora, si se llegan a unir, fundir o combinar entre sí Capitalismo liberal, Comunismo y Modernismo, -lo cual le diríamos a Castellani que ya ha pasado-, se habrá tocado fondo, las profundidades de Satanás; y ya está hecha la cuna del Anticristo» .

La doctrina protestante, es un virus morboso que contagia al solo contacto, sobre todo a los tontos y a los ignorantes. Disuelve a la familia y disuelve también a la familia humana. Generalmente se presentan con cara de bondad, con cara de corderos degollados, pero son portadores de una enfermedad que ha demolido al mundo sin parar, desde el siglo XVI arrastrándolo a las profundidades oscuras que actualmente donan al mundo a la civilización y a las almas.

Su odio a la Iglesia Católica, como a los católicos, es tan grande como su fanatismo lo cual me propongo probar a continuación.

LA PERSECUCION PROTESTANTE A LOS CATÓLICOS Y A LA IGLESIA

A las sectas protestantes, nunca hay que juzgarlas por lo que se tiene a la vista, sino según una visión universal de lo que el Protestantismo representa en su conjunto. No a la vista de tres o cuatro sectas, o diez, infiltradas en una sola ciudad, sino teniendo en cuenta la faz espantosa que muestran cuando se les ve desde una perspectiva más amplia. Los propagandistas de las sectas, mantenidos con muchos dólares, se presentan como los opositores de la que ellos llaman «gran ramera», pero detrás de ellos hay un enjambre de avispas que inyectan su ponzoña por todo el mundo divididos en miles de sectas, enseñando todas ellas doctrinas diferentes y hasta encontradas. Quien se atreve a ingresar a un modesto templo protestante, se está acercando a una organización mantenida intencionalmente en el caos para agitar la paz de los católicos, para llenarlos de toda clase de dudas, para enfrentarlos entre sí, para dividir a sus familias y a sus sociedades, y esto solamente es capaz de hacerlo un bruto, un traidor o una persona que ha perdido la fe en las cosas del espíritu y busca sólo las del mundo. El Protestantismo es una organización internacional poderosa, con una sola cabeza que forma parte de quienes están llevando al mundo a un control mundial, a un gobierno mundial. No se podría explicar que gobiernos ateos, anticristianos, comunistas, apoyen a los protestantes, como sucede permanentemente, si esto no fuera verdad, y como luego veremos al tratar específicamente el caso de México. El Protestantismo, batido con el Liberalismo, con el Comunismo y con otras doctrinas anticristianas, como dice Castellani, es la cama del Anticristo, y es innegable que una inmensa cantidad de doctrinas del Modernismo o Progresismo, están tomadas sin más, ni siquiera con maquillajes, del Protestantismo. Por ese motivo, el protestante es una célula del cuerpo místico de la Bestia, y quien se acerca a los protestantes, o los favorece, destruye a Cristo; y si se hace protestante, pasa a ser una célula de su cuerpo.

Para comprender esto un poco más, creo que es necesario conocer la forma despiadada en la que los protestantes han tratado a los católicos apenas han tenido oportunidad. No voy a hacer una historia completa de la persecución del Protestantismo a la Iglesia Católica, -la realidad es mucho más cruel-, pero aportaré datos suficientes, venidos incluso de plumas de los mismos protestantes.

El escritor católico William Thomas Walsh, describe un episodio ocurrido en Francia en 1561: «…los herejes, movidos por otro espíritu, están excitando malas pasiones por todas partes del Reino. En Gascuña y en Languedoc… comenzaron a saquear las casas de los obispos y las iglesias, a destruir altares y las imágenes de Cristo y de los santos y a quitar sus armas a los católicos…la tormenta de odio acumulada durante tanto tiempo estalló en toda su furia. Casi simultáneamente, como concertadas por una señal, las bandas bien organizadas de Calvinistas cayeron sobre las iglesias católicas, conventos, colegios y bibliotecas. En Montpellier las sesenta iglesias y los conventos fueron saqueados y pasaron a cuchillo a ciento cincuenta sacerdotes y frailes. En Nimes amontonaron muchas estatuas y reliquias frente a la catedral y les prendieron fuego, y bailaron a su alrededor mientras subían las llamas gritando que ya no tendrían más Misa ni ídolos. Después saquearon y pillaron las iglesias. En Montauban sacaron a las clarisas de su convento y las expusieron medio desnudas a la befa del populacho asalariado, que las insultaba y les decía que se casaran. En Castres, en el mes de diciembre, un Consistorio reformado o sanedrín ordenó a las autoridades de la ciudad que obligara a ir a cuantas gentes encontraran en las calles a los sermones hugonotes. Fueron los sacerdotes arrancados de sus altares y las monjas clarisas azotadas con látigos; los campesinos eran conducidos en masa para oír a la fuerza a los predicadores despotricar con su característica entonación nasal, contra la Misa, la confesión y el Papa. Los campos y viñedos de los pueblos católicos que se negaron a escuchar las predicaciones fueron quemados o devastados de raíz. En un año los calvinistas, según las cifras de uno de sus propios críticos, (Albert Le Mire: NOUVELLE COLLECTION DE MEMOIRES RELATIF A L’HISTOIRE DE FRANCE, Ch. XI, Pág. 512; Cabrera dice que fueron asesinados más de 9,000 religiosos y 3,000 sacerdotes, I, 299) asesinaron a 4,000 sacerdotes, monjas y frailes, expulsaron o maltrataron a 12,000 monjas, saquearon 20,000 iglesias y destruyeron 2,000 monasterios con sus bibliotecas y obras de arte de incalculable valor. La rara colección de manuscritos del antiguo monasterio de Cluny se perdió para siempre y con ella, otros muchos tesoros parecidos. Los vasos sagrados de las iglesias fueron fundidos para hacer moneda con qué pagar a los mercenarios alemanes, a los que excitaban a que fueran implacables (Cabrera I, 299)».

«En algunos lugares las entrañas de las víctimas fueron extraídas, rellenadas de paja y dadas como pienso a los caballos de los hugonotes. Cientos de pueblos y ciudades fueron incendiados. Lyon y su próspero comercio quedaron arruinados. Esta furia antigua, cultivada deliberadamente, no respetó ni a los muertos. Los hugonotes destruyeron no sólo la tumba de Guillermo el Conquistador, sino que los venerados cuerpos de hombres y de santas mujeres que habían dedicado su vida al servicio de Dios y de los pobres fueron sacados de sus tumbas, pisoteados, quemados y arrojados al río. El populacho derribó la estatua de Santa Juana de Arco en el puente de Orleans. Otros fanáticos lanzaron al Loire los restos de San Ireneaco y de San Martín en Tours. En Poitiers destrozaron las reliquias de San Hilario y los preciosos libros escritos por su mano. Al abrir el sepulcro de San Francisco de Paula, en Plessis les Tours, encontraron el cuerpo intacto e incorrupto después de medio siglo de su muerte, y, en lugar de sentir el respetuoso estupor de lo sobrenatural, lo arrastraron, atado a una cuerda, por todas las calles y lo quemaron después. Algunos de los huesos del santo fueron recogidos más tarde por los católicos, que los conservaron en varias iglesias de la Orden de los Mínimos. No sólo los que dieron su vida por Cristo, sino el mismo Cristo parecía ser objeto especial del odio de aquellos hombres que se decían cristianos y predicaban la condenación de los niños y la predestinación de muchas almas para el Infierno. Como en todas las revoluciones anticristianas, las estatuas del Salvador fueron escupidas, derribadas y deshechas. El Cuerpo de Cristo fue muchas veces profanado e injuriado en el Santísimo Sacramento. En Nimes, París, y otros lugares los tabernáculos fueron violados y la hostia arrojada por el suelo y pisoteada por hombres y caballos» (FELIPE II, Pág. 319 y 320).

En la Pág. 445 escribe: «Cualquiera que conozca la historia de Münster y de la Francia hogonote se dará cuenta del sentido siniestro que tenía todo esto… el 15 de agosto, mientras los católicos de Amberes estaban en las vísperas, cantando la Salve Regina en honor de la Asunción de nuestra Señora, una banda de calvinistas entró en la iglesia entonando algunos salmos ginebrinos; era evidentemente la señal de comenzar el ataque. Los intrusos procedieron a destruir una de las iglesias más bellas y ricas de Europa, comenzando con la famosa estatua de la santísima Virgen que había sido llevada en solemne procesión el domingo anterior. Pasaron de allí, rápida y metódicamente a otras iglesias y conventos y monasterios, saqueándolos uno por uno, mientras los sacerdotes y monjas huían temiendo por sus vidas; y así, a las tres de la mañana, habían destruido 25 o 30 iglesias. Nada sagrado ni precioso fue respetado. Con increíble barbarie aquellos vándalos destruyeron los tesoros artísticos y eclesiásticos de la gran ciudad, en el breve espacio de nueve horas». Añade Thomas Walsh que aquello fue «parecido al saqueo previamente organizado de las iglesias españolas por los comunistas entre 1930 y 1936».

En Münster también participaron en estos horrores, los Anabaptistas cuyos jefes eran los judíos Rottman, Hoffman y Bockel, porque aunque entre las sectas se persiguieron y se cometieron toda clase de crueldades y atrocidades, todas las sectas protestantes, son capaces de hacer una alianza cuando se trata de atacar al enemigo común que es la Iglesia Católica Romana. Ellos se pueden condenar unos a otros y llamar blasfemos -que además lo son- a los Mormones, a los Testigos de Jehová o a los Revivalistas, pero tendrán el estómago suficiente podrido para unirse con los herejes y los blasfemos contra el Papa de Roma, que dicen que es su enemigos común. Difiero de ellos. El Papa de Roma nunca fue enemigo de los protestantes. El Demonio puso en el camino de la historia a un enemigo poderoso del Papa y de los católicos y este enemigo es el Protestantismo. No al contrario. El Protestantismo es en su misma raíz enemigo de la verdad. Veamos lo que dice un protestante. El escritor protestante Mallock en su libro IS LIFE WORTH LIVING dice: «Cualquier religión que pretenda ser sobrenatural, y renuncie a la infalibilidad absoluta, solamente puede adjudicarse una semi-revelación; porque en tanto que se profese ser revelada, debe también profesar que es infalible. Porque si las cosas reveladas son oscuras y difíciles, de precisar y de entender; si las palabras pueden tener múltiples y variados significados; y si todavía más, muchas de esas interpretaciones posibles, son entre sí contradictorias; mejor sería que nunca se nos hubiese revelado esas verdades, si no se nos dio también al intérprete seguro e infalible… Para hacer una revelación infalible, una revelación verdadera para nosotros, necesitamos el poder de interpretar el testamento mismo». Uno se pregunta asombrado ¿qué hacía Mallock en el Protestantismo avalando todas las atrocidades protestantes contra los protestantes y contra los católicos?

El protestante John L. Stoddard en el libro mencionado escribe: «En 1522, una chusma compacta e indisciplinada penetró enfurecida en la iglesia de Wittenberg, en cuyas puertas había fijado Lutero sus famosas tesis, y respirando rabia y furor destruyó todos los altares y estatuas, y después de arrojar todos los fragmentos a la calle, expulsó también a los clérigos.
En Rotenburg también, la imagen de Cristo fue decapitada y sus brazos cortados en 1525; y el 9 de febrero de 1529, la hermosa y rica catedral de Bale en Suiza, fue saqueada y robada por el populacho. Una vieja crónica describe así los episodios de ese sacrílego atentado: «Amarraron unas largas y gruesas sogas a un monumental y devoto Crucifijo y una caterva de niños de ocho, diez y doce años, comenzaron a tirar de él y a arrastrarlo hasta el mercado público al mismo tiempo que gritaban: ¡Oh pobre y anticuado Jesús, si eres Dios, defiéndete a ti mismo; pero no, tú eres sólo un hombre, por tanto, muere!».

El reformador protestante Ecolampadio (Juan Hauschein 1482-1531), se regocijó grandemente por este sacrilegio y reventando de júbilo escribió a Cápito: «Ese fue un espectáculo para la superstición; hubieran los católicos querido llorar lágrimas de sangre» (Esto está documentado en Tanssen, V. III, Pág. 96). Hasta aquí Stoddard.

En un principio, el Rey de Inglaterra Enrique VIII condenó a Lutero y al Protestantismo y escribió un libro defendiendo a la Iglesia, lo que le valió que el Papa de Roma le confiriera el título de «Defensor de la Fe» -título que hasta hoy, ridiculísimamente ya siendo cismáticos, los reyes de Inglaterra se adjudican-, pero la lujuria de este Rey lo arrastraría al mismo pantano en el que habían caído los reformadores. Enrique después de “divorciarse” de Catalina de Aragón, se casa con Ana Bolena, a quien manda al cadalso para casarse con Juana Seymour, de la que se “divorcia” para “casarse” con Ana de Cleves, de la que también se “divorcia para casarse” con Catalina Howard, a la que manda al cadalso para “casarse” por sexta vez con Catalina Parr. Lutero recibió furioso el libro de Enrique VIII. El historiador protestante Cobbet en la obra mencionada dice que Lutero le llamó a Enrique: «cochino, burro, basura, semilla de culebra, basilisco, impostor, bufón vestido de rey, loco rabioso, con una boca llena de espuma y cara de ramera».
Y aquel Rey católico, aliado de Roma, casado con la hija Catalina de los Reyes Católicos de España, Isabel y Fernando se separa de Roma y busca alianzas con los protestantes alemanes al negarle el Papa Clemente VII la anulación de su matrimonio con la legítima reina. Su pasión por Ana Bolena, su lujuria y el cisma estaban fomentados por Thomas Cranmer, Arzobispo de Canterbury -que a1 fin «anula» el matrimonio de Enrique para que se casara con Ana Bolena-, y por Cromwell. El historiador R. Lambelin en LAS VICTORIAS DE ISRAEL (Pág. 44), dice que «Cromwell estaba sostenido por los judíos».

La Reforma en Inglaterra y su alianza con los protestantes del este de Europa trajo desgracias terribles a la Iglesia. La historia de las leyes penales durante los reinados de los reyes protestantes Enrique III -que ha pasado a la historia como «el rey impúdico»-, Isabel, Eduardo VI, Jacobo I, Carlos I, Cromwell, Carlos II y Guillermo III, es una historia de encarcelamientos, destierros, torturas y penas de muerte, por el delito de practicar la fe católica en Inglaterra y en Irlanda.

La historia de la INQUISICION PROTESTANTE es una página negra como la noche. Actuó principalmente en Sajonia, Ginebra e Inglaterra. Las persecuciones contra los católicos se alargaron durante los siglos XVI, XVII, XVIII y parte del XIX. Muchas de las prácticas con las que se calumnia a la Inquisición Católica, fueron protestantes. El historiador protestante Coobet dice:«Aquella Inglaterra que Enrique recibiera fuerte, unida, rica, próspera, la dejó destrozada en facciones, cismas, y su pueblo errante en la miseria y el pauperismo. Echó los fundamentos de inmoralidad, fraude y pobreza. En 1536 suprimió Enrique cerca de 300 conventos y la aprobación de este bill inicia la ruina moral y material del pueblo y debe ser tenida como la primera aprobación oficial de robo y pillaje. Sólo en el reinado de Enrique, Inglaterra se llenó de lo menos 75,000 mendigos». Cobbet documenta en su libro, que antes del cisma, en Inglaterra no había un solo mendigo. Había pobres, pero no mendigos. Los pobres, los tendréis siempre entre vosotros, decía Cristo. La mendicidad es una vergüenza para la sociedad que la tolera.

El historiador protestante Cobbet en la obra citada más arriba cuenta lo siguiente: «…era el único consejero que vivía -el obispo Fisher-, del difunto rey -padre de Enrique-. La madre de éste -o sea, la abuela de Enrique VIII-, la cual sobrevivió a su hijo y a su hija, estando ya para morir, exhortó a dicho Enrique a tener una particular deferencia a los consejos de este venerable prelado tan sabio como piadoso; y en efecto, hasta que con sus consejos quiso refrenar las pasiones desarregladas del rey, tenía éste la costumbre de decir que ningún príncipe podía gloriarse de tener un súbdito comparable a Fisher y hasta con el Consejo mismo le tomaba muchas veces la mano y le llamaba padre. El bueno del prelado agradecía un favor y un afecto tan particular con un celo y una voluntad tan decidida, que no conocía más límites que su deber para con Dios, para con su rey y para con su patria; pero desde el momento en que este sagrado deber le prescribió oponerse al divorcio y a la supremacía espiritual del rey, olvidó el tirano de repente sus servicios, su adhesión y su afecto sin ejemplo y le envió al patíbulo después de una prisión de quince meses, durante los cuales se le trató peor que a un malhechor, teniéndole encerrado en un calabozo, revolcándose entre inmundicia, y privado, digámoslo así, hasta de alimento. Sí, amigos míos, a aquel súbdito tan fiel con quien, según el mismo rey decía con cierto orgullo, no podía compararse súbdito alguno de ningún otro monarca; a aquel mismo a quien tantas veces había dado el título de padre, fue al que el tirano mandó entregar en manos del verdugo; y este venerable anciano, sin poderse apenas sostener sobre sus piernas, desfigurado su venerable rostro por la inmundicia, ennegrecidas sus canas por el lodo, descubiertas por muchas partes sus carnes, por no haberle quedado sobre el cuerpo mas que unos miserables andrajos, fue arrastrado por su orden al cadalso en donde después de haberle quitado la vida, fue abandonado como si fuera un perro muerto. ¡Monstruo execrable!, -dice Cobbet al Rey Enrique-, la indignación impide correr nuestras lágrimas, y haciéndonos huir de tan horrorosa escena, nos excita a buscar un puñal para esconder en el corazón de este Rey».

«Aquí es donde comienza la escena sangrienta que después continuó con paso firme: todos cuantos se negaron a prestar el juramento y la supremacía espiritual del rey resistieron, o en otros términos, cuantos rehusaron apostatar, todos fueron calificados de traidores, tratados como tales y condenados a muerte con una crueldad inaudita. Citaré un solo ejemplo de las acciones del «reformador necesario» según Burnet, y lo será el trato que se dio a Juan Houghton, prior del monasterio cartujo de Londres. Este desgraciado prior, sin más motivo que haber rehusado prestar dicho juramento, lo que no podía hacer sin ser perjuro, fue conducido a Tyburn. Apenas fue colgado cortaron la cuerda y cayó en el suelo enteramente vivo. Entonces le desnudaron, abrieron su cuerpo y le arrancaron los intestinos, el corazón y las entrañas y todo lo echaron al fuego; le cortaron la cabeza, enseguida le descuartizaron y después de haber medio cocido sus cuartos, los colgaron en diferentes partes de la ciudad, y clavaron un brazo en la pared por encima de la puerta de su monasterio».

No hay que olvidar que está hablando un reconocido historiador protestante, de protestantes.

Enrique VIII, mató a dos cardenales, a veinte obispos, a más de 650 sacerdotes y a más de setenta y dos mil fieles católicos de todo sexo, edad y condición. Parecía que Nerón había vuelto.

«La Inglaterra tan feliz, tan libre y tan poco habituada al crimen antes de su reinado sanguinario -de Enrique VIII-, que en las listas de los tribunales apenas se contaban tres criminales sentenciados durante el año en cada condado, vio, entonces, a más de setenta mil personas encerradas a un mismo tiempo en los calabozos. La corte del hijo primogénito de la Reforma Protestante era verdaderamente un matadero de hombres; sus pueblos, abandonados por sus protectores naturales, que ya se habían dejado corromper por el pillaje o por la esperanza de participar de él, formaban un rebaño asustado y lleno de terror, mientras el Rey Enrique, semejante a un carnicero, gordo, alegre y contento, daba desde su palacio las órdenes para el degüello, y su gran sacerdote Cranmer se manifestaba siempre propicio para sancionar y santificar aquella matanza… Los pormenores de todos sus asesinatos fatigarían y desagradarían necesariamente al lector: sin embargo, no puedo pasar en silencio un ejemplo de ellos, y es el cometido con los parientes del Cardenal Pole, y hasta con su desgraciada madre. Dicho Cardenal había disfrutado del mayor favor con el monarca durante su juventud, y antes de que se tratase del divorcio de éste, y aún era pariente suyo por parte de su madre la Condesa de Salisbury descendiente de los Plantagenetos y último vástago de aquella larga dinastía de reyes de Inglaterra. Había hecho sus estudios y viajado en el continente a expensas del tesoro real, y generalmente, se respetaban mucho sus opiniones en Inglaterra; era, en fin, un hombre tan distinguido por su erudición, talento y virtudes, que por ellas mereció ser elevado por el Papa a la dignidad de Cardenal; pero desaprobó el divorcio de Enrique y todos los actos que se siguieron a él, oponiéndose enérgicamente a las medidas del rey: y esto bastó para citar contra él la venganza del rey. Para llevarla a efecto, le mandó varias veces volver a Inglaterra; pero no habiendo sido obedecido, ni habiendo podido apoderarse de su persona, a pesar de los muchos ardides artificios que para ello puso en práctica, y de las sumas considerables que al efecto expendió, resolvió ejercer su horrible venganza en sus parientes y principalmente en su respetable madre. Al punto fue acusada esta señora por Tomás Cromwel, de haber exhortado a sus arrendatarios a no leer la nueva traducción de la Biblia, y de haber recibido de Roma unas bulas que el denunciador supuso haber hallado en su casa de campo de Courdray, en el condado de Sussex: también la acusó de haberse hallado una bandera que dijo había servido a los rebeldes del norte. Todas estas acusaciones eran tan absurdas e infundadas, que no habiendo sido posible formar causa por ellas a la condesa, se consultó a los jueces a fin de que el Parlamento la condenase sin oírla. Estos declararon que semejante medida era muy arriesgada y que el Parlamento no se prestaría a ello. En vista de esta respuesta, se les volvió a consultar, si en el caso de que el Parlamento se prestase a ello, sería válida esta acción ante la ley a lo que respondieron afirmativamente. No se necesita más: al momento se propuso y se aceptó un bill, en virtud del cual, fueron condenados a muerte, la condesa de Salisbury, la marquesa de Exeter y otros dos señores parientes del Cardenal. Los dos últimos sufrieron la sentencia; pero la marquesa obtuvo su perdón y la condesa fue encerrada en la prisión como un rehén por la conducta de su hijo el Cardenal. Las acciones tiránicas del rey, excitaron algunos meses después una insurrección, y sospechando éste que había sido promovida por el cardenal Pole hizo quitar la vida en un cadalso a su pobre madre. Esta anciana señora, aunque de más de setenta años de edad, y agobiada más por los males que por los años sostuvo hasta el último instante de su vida la nobleza de su nacimiento y de su carácter. Cuando el verdugo le mandó inclinar la cabeza para recibir el golpe, le dijo: «jamás he cometido traición y mi cabeza no se inclinará ante la tiranía, trata de cortarla del modo que puedas»: entonces el verdugo le tiró al cuello una cuchillada y habiendo ella comenzado a correr alrededor del patíbulo desmelenada y teñidas ya en sangre sus respetables canas, la fue siguiendo aquél hasta lograr por último privarla de la vida a fuerza de cuchilladas».

Los abades de los monasterios de Glastonbury, Reading y Colester que también se opusieron a aceptar la autoridad espiritual de Enrique, fueron acusados de traición y sus propiedades confiscadas. El historiador protestante Stoddard nos narra cómo fueron horriblemente sacrificados.

Little, escritor y clérigo protestante episcopaliano en su libro REASONS FOR BEING A CHURCHMAN (Pág. 142), dice que Enrique VIII fue «el mayor ladrón sacrílego que jamás haya existido en el mundo».

En HISTORIANS HISTORY OF THE WORLD, vol. XIX, pág. 185, leemos: «Miles y miles de gente pobre que vivía trabajando a la sombra de los monasterios y de las iglesias, quedaron desamparados, sin pan, sin abrigo y sin apoyo; e innumerables religiosos fueron lanzados del retiro y santidad del claustro en medio de un mundo malévolo, sin recursos con qué vivir y con el mandato enérgico de contraer matrimonio bajo la pena de ser encarcelados como cualquier criminal».

James E. Rogers, profesor de Economía Política de la Universidad de Oxford dice lo siguiente en su libro SIX CENTURIES OF WORD AND WAGES (Vol. II, Pág. 358): «La Iglesia Católica medieval, esparció incontables beneficios para la humanidad y especialmente sobre Inglaterra. Inglaterra estaba sembrada de monasterios y prebendas. Cierto que todas esas instituciones tenían ese don fatal de las riquezas; pero según podemos ahora juzgarlas, supieron administrarlas y distribuirlas bien. Porque fueron los frailes y eclesiásticos de aquel entonces, fundadores de escuelas, autores de interesantes y provechosísimas crónicas, maestros en la agricultura, indulgentes y compasivos terratenientes y defensores de un trato generoso con la gente del campo». El protestante Cobbet también habla de esto abundantemente.

En el tiempo del sucesor de Enrique VIII, Eduardo VI, la influencia calvinista se introdujo en Inglaterra.

Toda clase de leyes injustas se aplicaron contra los católicos. El practicar la Religión Católica era un acto de alta traición. No podría ocupar las cátedras de colegios y universidades, ni ser maestro de escuela. Si los padres mandaban a los hijos al continente para ser educados católicos, todas sus propiedades les eran confiscadas inmediatamente. Si algún católico no quería participar de las ceremonias protestantes, no podía acercarse más allá de 10 millas a Londres, ni podía alejarse más de cinco millas de su casa. Una ley emanada del Parlamento en 1605, decía: «Cualquier persona que denuncie la casa en la que se celebre una Misa, obtendrá el perdón de sus faltas y una tercera parte de los bienes confiscados al proscrito».

El historiador Lingard en HISTORY OF ENGLAND, vol. VI, pág. 166 y 177 dice: «Nadie podía disfrutar de paz y tranquilidad en la intimidad de sus propias casas. A todas horas del día, pero especialmente de la noche, podía caer la visita inquisitorial de un magistrado que de ordinario iba acompañado de un pelotón de gente armada. A una señal convenida, las puertas eran forzadas y abiertas y los asaltantes se dividían en grupos precipitándose por todas partes de la casa, examinando las camas, despedazando los tapices y pulsando o golpeando las paredes, rompiendo cerraduras, vaciando roperos, arcas, armarios, y haciendo en una palabra todas las investigaciones y pesquisas que su celo les sugería, para descubrir ya fuese un sacerdote, o un libro, cáliz u ornamento propios del culto católico. El resistir o dar cualquier demostración de protesta, sólo servía para provocar nuevas e injustas agresiones. Todos los residentes de la casa eran interrogados y sus personas eran minuciosamente examinadas con el pretexto de que pudieran ocultar objetos supersticiosos debajo de sus vestidos. No fueron pocas las ocasiones según consta por la historia en que damas y doncellas perdieron la razón y aún la vida por la brutalidad con la que habían sido tratadas por los oficiales».

En el año de 1626, Lord Scroop fue acusado de ser clemente y suave en demasía porque solamente había condenado a 1670 católicos en la región circunscrita de East Reading de Yorkshire.

Europa entera fue entregada al pillaje, a la devastación y a la muerte. Es ilustrativo lo que dice el protestante Cobbet: «…entraron en los conventos, derribaron altares para quitar de ellos el oro y la plata… arrancaron las cubiertas de los libros para apoderarse de los metales preciosos con que estaban adornados. Todos esos libros despedazados eran manuscritos y entre ellos habían muchos que para su composición, copia o adorno, se había empleado la mitad de la vida de un hombre, y no corta. Bibliotecas enteras para cuya reunión se habían necesitado siglos y siglos, y habían costado sumas inmensas fueron destrozadas sólo por robar los adornos de las cubiertas de los libros… una soldadesca feroz y rapaz no se ha conducido jamás en una ciudad entregada al saqueo con una avaricia, un desenfreno y una brutalidad comparable con la de los héroes de la Reforma Protestante». Cobbet dice que el odio a la Iglesia no se contentó con eso, sino: «para que los católicos perdieran toda esperanza de ver revivir lo que habían perdido… determinaron destruir aquellos nobles edificios construidos para durar siglos sin fin monasterios, iglesias, etc.-. «Como arruinarlos por los medios ordinarios hubiera sido un trabajo interminable, se valieron en muchos casos de cañones y de este modo fueron destruidos en pocas horas, aquellos magníficos monumentos para cuya perfección, se habían necesitado siglos sin fin, y fueron reducidos a un montón de ruinas… Otras veces se obligó a quienes adquirieron esos edificios a destruirlos, o a lo menos, a derribar parte de ellos».

¿Estamos hablando de animales?, no, estamos hablando de protestantes cuya mentalidad no tiene por qué haber cambiado desde el siglo XVI, porque siguen fieles a las doctrinas de sus fundadores; que infiltran a las naciones ayudados por gobiernos enemigos de Cristo; que fundan institutos de caridad por todas partes para albergar niños de la calle a fin de arrancarles la fe; que se introducen en las familias para dividirlas y engendrar hijos para hacerlos herejes y que mandan como fueran nubes de langostas a sus “evangelizadores” sostenidos por dinero del gobierno mundial para romper brutalmente la unidad de religión y de espíritu en cien mil creencias encontradas y enemigas a fin de debilitar a la familia humana, a fin de triturarla no si fuera el bocado que está preparando una enorme serpiente.

No se piense, entonces, que el Protestantismo por haberse separado de la Iglesia ha caído en la confusión y en la división sectaria hasta el infinito, lo cual se dice con frecuencia. Esto no es así. Así fue planeado, así fue creado y manejado por los enemigos del catolicismo. Así fue abortado por oscuras sectas anticristianas. Es un arma terrible en cuyas redes caen los ingenuos y los que sienten el vacío de la “iglesia” apóstata del Vaticano y buscan desesperadamente algo que ya no se encuentra por ninguna parte porque la humanidad apóstata, ha caído en las manos del Anticristo.

Pero como puede haber algún ingenuo que diga que eso sucedió en la edad media, oigamos lo que dice el autor anticatólico W. E. Giadstone en su libro EL PAPA Y EL PODER CIVIL, pág. 21: «Hace apenas un siglo, empezamos a suavizar el sistema de leyes penales contra los católicos romanos, mezquino al mismo tiempo que bajo y cruel, y que Burke ha infamado con su elocuencia inmortal». En Irlanda, por ejemplo, tierra en la que fue torturado hasta la muerte el obispo Killaba, el obispo Cashel fue quemado y el arzobispo de Armagh fue decapitado, se puso el mismo precio por la cabeza de un sacerdote católico que por la de un lobo (THE BOOK OF ERIM, de J. M. Davidson, en Curry’s Review), se ofrecía 50 libras por la cabeza de un obispo y el precio por un sacerdote subió de 5 a 20 libras.

El protestante Jorge Lara Braud, en una conferencia para los protestantes de Latinoamérica afirmó: «Entre los peores padecimientos que el pueblo católico-romano experimentó en los Estados Unidos durante los últimos trescientos años, fueron los impuestos por protestantes. En las primeras colonias desde Massachussets hasta Georgia, los católicos fueron proscritos, con excepción del Estado de Maryland. Desde el año de 1607, fecha de la primera colonia, hasta principios del siglo XX, los católicos de los Estados Unidos, mostraban una psicología de persecución, de represión, de ghetto. Permítaseme documentar lo dicho: en 1834, una chusma protestante quemó el convento de las Madres Ursulinas. En 1844, diez años después, hubo un terrible brote anticatólico en Filadelfia: tres días de caos completo. Trece personas resultaron muertas y centenares de heridos, cuando los protestantes quemaron dos iglesias católicas, un seminario y cuadras enteras de lugares y comercios católicos. Un año después, en 1855, fueron asesinados más de 150 católicos en Lousville, Kentucky, y muchísimas de sus casas reducidas a cenizas en lo que vino a llamarse luego el «Lunes sangriento de 1853». Los católicos han sido el blanco favorito del Ku Klux Klan y de innumerables políticos protestantes -el K.K.K. es obra de los protestantes-.

“Un partido poderoso llamado EL SABELO NADA, hizo intolerable la vida de los católicos en los últimos 25 años del siglo XIX, pues tenía como una de sus miras principales, eliminar el elemento católico de la vida nacional. Sería muy difícil para nosotros decir, dándonos golpes de pecho: gracias Señor, porque no somos como ellos. Quienes hicieron la persecución de los católicos en los Estados Unidos, provenían de toda la gama de las denominaciones protestantes».

La revista AMERICA en su número del 14 de junio de 1930, escribe: «El hecho es que cuando se trata de la Iglesia Católica o de los católicos, muchos protestantes ya no se guían ni por la razón ni por la justicia… simplemente excluyen a los católicos de la categoría de seres humanos… Para ellos, los católicos… pueden ser insultados en sus principios, heridos en sus sentimientos y ultrajados en sus ideales».

Es despreciable el Protestantismo, pero es más despreciable quien a sabiendas del peligro, se relaciona en cualquier forma con él. Como son despreciables los modernistas o progresistas que han infiltrado sus doctrinas y sus prácticas en medio del pueblo católico, después del c. Vaticano II, diciéndoles que eso es progreso, que eso es renovación y que eso es la obra del “Espíritu Santo” que de nuevo ha visitado a la “Iglesia”.

LA PENETRACIÓN PROTESTANTE EN MÉXICO

Como hay quienes piensan que la obra del Protestantismo a beneficiado a México, aunque a todas luces es ridícula comparada con la portentosa evangelización católica no sólo de México sino de toda América, conviene decir y probar que aquella fue una penetración y una infiltración subversiva y no evangelizadora o de salvación social costeada por el Gobierno Mundial y ayudada por un gobierno traidor que dividió a los mexicanos, que destruyó y prostituyó a sus familias y que trata de arrancar la Fe de los mexicanos, arrojándolos al caos espantoso de las sectas y a la independencia.

Las primeras experiencias que tienen los hispanoamericanos de la herejía revolucionaria iniciada en el siglo XVI, son de odio al catolicismo, de saqueo, de intolerancia, aquella misma que hacen alarde de condenar a la Iglesia Católica, de genocidio. Las incursiones de los piratas por aguas americanas y atlánticas avaladas y costeadas por la protestante «Pérfida Albión» en su afán de robar el oro y las riquezas de la católica España y minar su poderío, matando, hundiendo sus barcos y asaltando los puertos españoles son prueba de ello.


El escritor William Thomas Walsh dice en su libro FELIPE II (Pág. 417) lo siguiente: «Algún tiempo más tarde, 53 misioneros jesuitas indefensos, camino del Brasil, fueron degollados a sangre fría por una banda de piratas hugonotes protestantes. Los piratas calvinistas y los indios de Florida trataron a los jesuitas igual que los hugonotes habían tratado a los sacerdotes católicos en Francia hacía seis años. Años más tarde los Iroquois de Nueva York sometieron a otro jesuita, San Isaac Jogues a una tortura muy parecida a la infligida a San Edmundo Campion por los protestantes ingleses pagados por Cecil».

Cuando los inmigrantes protestantes llegaron a tierras norteamericanas, no hicieron ciertamente como los evangelizadores españoles, que convirtieron a la Fe de Cristo a los nativos, dándoles cultura y las bases firmes para construir su nacionalidad, sino que se constituyeron, inspirados en las doctrinas de sus dioses Lutero, Calvino y Enrique VIII, en perseguidores de oficio y en asesinos de las razas que en aquellas inmensas y ricas regiones vivían, sin preocuparles para nada su evangelización, sino la obtención absoluta y el despojo miserable de las riquezas que al fin, a estos nativos les robaron. ¿Qué es lo que en nuestros días queda de esas razas y de esos pueblos masacrados sin ninguna piedad cristiana, ¡pero ni siquiera humana!, sino estertores y gemidos de muerte esparcidos por el aire, y que hasta hoy pesan sobre la cabeza de ese pueblo protestante y demócrata?, ¿qué es lo que queda sino una miserable porción arrinconada por la violencia y miedosa, como si fuera una pieza de museo o como si fueran esos sobrevivientes, auténticas bestias sin derecho alguno a los progresos de esa democracia americana?.

Todos nos acordamos de las oleadas de películas norteamericanas en las que nos presentaron a los piratas del Atlántico o del Caribe como verdaderos héroes y modelos, y a los pobres indios de Norteamérica como bestias de maldad asechando siempre y matando a los “piadosos” colonizadores, cuando la verdad es que unos fueron bandoleros asesinos de la peor ralea, hasta distinguidos a veces hasta con títulos de nobleza por los reyes protestantes ingleses, y los otros víctimas indefensas del fanatismo luterano y de las pasiones más bajas e inhumanas. La verdadera historia de los Estados Unidos tiene secretos de muerte y de sangre. La de esos nativos que soportaron indefensos las masacres hasta que llegó al exterminio total.

En su SOCIOLOGÍA, J. Víctor Balbridge, documenta cómo, los «colonizadores» protestantes de los Estados Unidos, regalaban mantas y ropas a los nativos obtenidas de los hospitales de apestados e incurables con el fin de provocar epidemias mortales en las tribus nativas y exterminarlas así, si era posible.

Ahora, son tan payasos y tan hipócritas, que nos dicen que vienen a México y a los demás países latinoamericanos a «evangelizarnos». El motivo es otro. Quienes los costean y envían, tienen otros motivos no siempre claros para todos los que ingenuamente se han dejado arrastrar a ese caos diabólico. Tengo a la vista unos datos que resultarán harto interesantes: En 1910, los mismos protestantes publicaron la presente estadística: 34 517 331 habitantes de los Estados Unidos están afiliados a varias denominaciones religiosas. De ellos, 12 194 937 son católicos y el resto de 22 322 404 son protestantes de todas las denominaciones, pero resulta que como la población total de ese país en aquel año era de 91 972 266 habitantes, se tiene que había como setenta millones de habitantes no convertidos al protestantismo, y por lo menos cincuenta y siete millones que no eran ni cristianos [ni protestantes]. Cifra muy superior a la población total de México. ¿No es extraño el santo celo de estos llamados «hermanos separados» por nuestros indios sumergidos en el «oscurantismo» católico traído dizque por españoles aventureros sedientos de oro y por la Iglesia Católica sedienta de poder, que son hermanos de las razas que ellos masacraron sin piedad?, ¿y cuando en el país de ellos hay tanto trabajo por hacer?


Es evidente: el motivo por el que vienen a México y al resto de los países latinoamericanos y el de quienes los envían, es otro. Lo podremos vislumbrar a continuación.

En la ciudad de Nueva York se formó primeramente la Comisión de Cooperación en la América Latina, de la cual formaban parte casi todas las denominaciones protestantes existentes en la Unión Americana, y posteriormente a esa, en la ciudad de Cincinatti se convocó a una reunión que se ocuparía exclusivamente de la «evangelización» de la República Mexicana.

En esa reunión desgraciada, los protestantes se dividieron México como un pastel, en la forma siguiente:

AMIGOS Y PRESBITERIANOS DEL SUR: trabajarían en San Luis Potosí, Tamaulipas y Nuevo León.

BAUTISTAS: en Coahuila, Nuevo León, Zacatecas, Durango, México, Distrito Federal y Aguascalientes.

CONGREGACIONALISTAS: en Chihuahua, Sinaloa (desde el rio del mismo nombre hasta el Norte), Sonora, Baja California y México.

DISCIPULOS DE CRISTO: en Coahuila desde Piedras Negras siguiendo hacia el Sur el ferrocarril hasta Monterrey y Terreón; luego al Norte hasta Jiménez, Chih., con Sierra Mojada y Nuevo León.

METODISTAS: en San Luis Potosí, Guanajuato, Jalisco, Colima, México, Distrito Federal, Hidalgo, Puebla, Querétaro, Tlaxcala, Michoacán, Tepic y Sinaloa al Sur del río del mismo nombre.

PRESBITERIANOS ASOCIADOS REFORMADOS: en Tamaulipas, Veracruz y el Oriente de San Luis Potosí.

PRESBITERIANOS DEL NORTE: en México, Distrito Federal, Morelos, Veracruz, Campeche, Guerrero, Oaxaca, Chiapas, Tabasco y Yucatán.

Esta división fue aprobada posteriormente en la Conferencia Panprotestante que se celebró en la ciudad de Panamá en 1916, en la que acordaron las sectas abandonar el nombre de «protestantes» para comenzar a llamarse «evangélicas» para presentar un frente aparente más homogéneo ante la unidad de la Iglesia Católica.

Este plan causa asco y vómito. Las sectas que entre ellas se persiguen y se condenan en la forma más dura, son capaces de una alianza contra la Iglesia de Cristo. La explicación es clara. Quienes controlan y dirigen el Protestantismo mundial que no pertenecen a ninguna secta ni tienen ninguna de sus creencias y que son furiosamente anticristianos lo utilizan como un arma mortal en contra del catolicismo. ¿Qué celo apostólico puede caber en los dirigentes de las sectas, cuando ponen trozos del pastel latinoamericano en manos de otras sectas que ellos condenan como herejes, como apóstatas y como anticristianas?, ¿puede haber cristianismo en los dirigentes de las sectas al acordar entregar a los herejes, calificados así por ellos mismos, territorios que supuestamente quieren evangelizar?, ¿a quiénes quieren engañar?


Y así fueron llegando según lo acordado, e invadiendo, porque aquello fue una verdadera invasión avalada por el mismo gobierno mexicano: traidor al pueblo gobernado, los «apóstoles» de una nación como Estados Unidos, que contaba con 57 millones de habitantes que no eran ni cristianos [ni protestantes], a otra cuyo porcentaje de catolicismo en aquellos años era superior al 96 por ciento, ya que de los 20 millones de habitantes que había en México, 19 400 000 eran católicos que habían conocido el Evangelio de los frailes españoles sin riquezas y sin dólares, y que además contaba en esa época con numerosos sacerdotes y una Iglesia bien organizada. La «evangelización» que entonces inician las sectas protestantes a la luz de los datos expuestos anteriormente, nos descubre sin lugar a dudas un interés imperialista de control mundial y no un elevado, cultural o cristiano motivo.

Pero al ojo investigador se le revelará también la infame conexión de la reforma protestante con la masonería y con el padre de ambos, 
el judaísmo, lo cual veremos más claramente en las páginas siguientes.
¿Por qué tanto escándalo, entonces, de los protestantes, cuando los campesinos de muchos lugares de México, fieles a la Fe cristiana recibida de sus padres, los reciben a pedradas o los expulsan de sus comunidades con cajas destempladas?

Esos pueblos quieren conservar la Fe de Cristo y de los Apóstoles y sus dirigentes religiosos y sociales saben que las nubes de avispas que caen para picar y envenenar a los simples y a los ignorantes, sembrará una semilla de división y de infinitos problemas entre las familias y en su sociedad. Ellos están defendiendo lo más sagrado que poseen y casi lo único que poseen porque son pobres y la injusticia y el abandono los ha hecho su presa. ¿Se puede recibir con agrado a las bandas sectarias cuando todas traen distintos credos y cuando la historia nos ilustra la horrible forma en la que se persiguieron y se condenaron no solamente en sus países de origen, sino también cuando llegaron a «evangelizar» en tierras americanas?

La verdadera Iglesia de Cristo jamás hubiese estado de acuerdo con entregar grandes zonas a quienes predican el error, porque la Fe es inmaculada y no admite variaciones, interpretaciones variadas, ni siquiera cambios en la significación de las palabras. Desgajar a las regiones de América Latina como si fuera un pastel con quienes predican diferente fe, ya significa sin duda una mala intención y heterodoxia.

La Iglesia Católica fue suficiente para evangelizar al mundo. No existe una sola nación sobre la Tierra que no haya conocido el Evangelio por el esfuerzo y el sacrificio de sus evangelizadores. Ni una sola. Y este es un hecho histórico innegable. El protestante siempre llegó después y para aprovecharse de lo que ya estaba arado y sembrado.

Cuando llegaban los evangelizadores católicos a tierras de salvajes o de paganos, muchas veces pagaron con su vida su amor a Cristo y al Reino de Dios. Mucho tiempo y lágrimas y sangre y sudor, costó poder establecer la primera misión con fieles convertidos al Cristianismo. Las cosas prosperaban, y una vez establecidas las parroquias y los conventos y los institutos de caridad, y las escuelas, y las universidades, entonces al día siguiente llegaban los parásitos protestantes para «evangelizar» a los nativos, robando descaradamente la obra que habían realizado los propagadores de la religión católica. Y así instalados ya, exigen ventajas, exigen libertades, exigen tolerancia que saben blandir muy bien como hijos del Diablo cuando les conviene. Ellos se han unido en la nulidad, si no es sólo para descristianizar al mundo entregándolo al caos de las sectas. Ellos son estériles y se nutren de toda aquella población prostituida por potencias mundanas y gobiernos que con ellos trabajan en lo oscurito, en las sombras, bajo la mesa y que han hecho alianza con Lucifer. Ellos son los del horrendo voto hijos de Belfegor.


Son un pegote glutinoso y apestoso con su característica y fastidiosa voz nasal que embrutece a los tontos y a los ignorantes que no les ven la cara real de ramera sino de luchadores “cristianos” sacrificados y propagadores del mensaje de Cristo. ¡Qué abyecta depravación ha caído sobre el mundo y sobre las almas el día que oh Lutero, comenzaste tu Reforma! En el Infierno deben haber danzado los demonios al ritmo de LAS CAVERNAS DEL ORCO de Bolcom.

El escritor Toribio Esquivel Obregón en LA PROPAGANDA PROTESTANTE EN MÉXICO A LA LUZ DEL DERECHO INTERNACIONAL dice que el presidente Teodoro Roosevelt expresó que «la absorción de la América Latina será muy difícil, mientras esos países sean católicos».


Mr. Lind, representante personal en México del presidente norteamericano Wilson declaró que «mientras más sacerdotes católicos fueran muertos, tanto más complacido estaría el presidente Wilson».

El Sr. Alfred Halman de la Fundación Carnegie para la paz internacional, aseguró en una conferencia que dictó en Briarclif el 11 de mayo de 1926: «Los ministros protestantes americanos, son una amenaza a las relaciones pacíficas de norte y suramérica. Esos ministros son antipáticos a un pueblo que está ya satisfecho con su religión cristiana. Los suramericanos [incluye a México y américa central] se ofenden de los esfuerzos que hacen los ministros norteamericanos para cambiarles su Fe, y de los métodos con que tratan de hacer ese cambio. Esos pueblos son ya cristianos y por consiguiente resienten y detestan la suposición de que todavía son paganos. Suramérica miraría con mayor simpatía a los Estados Unidos si nosotros hiciéramos regresar a todos esos misioneros» Esto lo publicó el periódico THE SUN de Baltimore.


¿No podríamos mencionar entre esos «métodos» que utilizan los protestantes para descristianizar a los católicos la “piadosísima” instalación de sectas protestantes en los templos de Santa Catalina de Sena y San José de Gracia que durante la persecución religiosa en México el gobierno arrancó a los católicos en la ciudad de México, mientras los mataba, instalación que fue una obra de saqueo, de destrucción de altares, retablos, imágenes, pinturas, bibliotecas y de todo aquello que pudiera recordar un espíritu católico? ¡Infames ignorantes! Son enemigos de lo culto, de lo bello, de lo estético y amigos de embarrar su excremento por las paredes de todo inmueble que roban o construyen.


¿No son esos métodos también la fundación en México, gracias a la ayuda económica del presidente mexicano felón Plutarco Elías Calles de la Young men “christian” asociation (Y.M.C.A.) en 1902, que siendo una asociación internacional protestante «dizque» cristiana, promueve en 1907 conferencias como las dictadas por Julio Navarro Monzo en las que se afirmó que la existencia histórica de Jesús de Nazaret no podía ser probada, y que ella, aunque «muy bella», había sido «inventada por un grupo de fanáticos para dar prestigio a sus doctrinas»?.


¿No es uno de estos «métodos» de los que habla el Sr. Halman el que los protestantes que hipócritamente condenando el uso del cigarro. La misión protestante en México es ayudada sustanciosamente por la Cigarrera EL AGUILA como nos dice José González Brown en su libro EL PROTESTANTISMO EN MÉXICO?


En el Instituto Biológico Moody, Harry Strachan dijo algo que se publicó en MISSIONARY REVIEW OF THE WORLD: «En las repúblicas latinoamericanas, las misiones protestantes son consideradas como parte del ejército americano de ocupación». Y el Dr. protestante E. J. Dillon, en su libro MEXICO ON THE VERGE, pág. 207 afirma: «La gran masa del pueblo mexicano profesa el catolicismo… y le duele en lo vivo que extranjeros, amparados en su hospitalidad, vengan con el propósito de sembrar la cizaña y a causar divisiones religiosas, empeñándose en apartar a algunos miembros de la fe de sus padres… y bastaría eso para que el gobierno por encariñado que estuviera teóricamente con la libertad absoluta en la propaganda religiosa, se tentara bien la ropa antes de acoger a los nuevos apóstoles y colmarlos de privilegios…» y más adelante: «…para soldar las grietas que las luchas civiles han abierto en el Edificio social, el cemento ha de ser principalmente la unidad de lengua y la unidad de religión«.


El Cónsul general de Estados Unidos en México Mr. Crittenden, declaró al MEXICAN HERALD el 28 de septiembre de 1895: «Turbar esas relaciones [las de México y Estados Unidos], con ataques inmotivados a las creencias más sagradas de México no solamente es necedad y falta de tino, sino que puede dar origen a serios desórdenes. La propaganda de los ministros protestantes… ofende a las clases conservadoras… Si el catolicismo desapareciera de México, reinaría el fanatismo y la insubordinación más peligrosa«.

Oiga ahora lo que dice el pastor protestante George T. B. Devid: «Hace cuatrocientos años que aventureros españoles y portugueses llegaron a América buscando oro; hace trescientos años que peregrinos ingleses y holandeses vinieron a Norteamérica a alabar a Dios. En la América del Sur hay tinieblas, superstición e ignorancia, en cambio en la del Norte la prosperidad acompaña a las bendiciones espirituales». ¿Habíase visto cinismo, hipocresía y mentira más grandes? Este individuo quiere ligar la ruina y la postración de México al catolicismo y a España como si no supiéramos que esa ruina moral y material se fraguó en las sombras de las logias y de las sinagogas y en las oficinas de políticos vendidos a ellas.


Sin embargo, veamos qué escribe el diario MONITOR INDUSTRIAL de Inglaterra, que no puede ser tachado de católico y que circula en un ambiente cien por ciento protestante: «Es un hecho muy digno de observación, que en todos los países donde se establecieron misiones protestantes, la población de los indígenas ha degenerado en razón de los progresos de la predicación…», y más adelante dice: «nada parecido acontece en las misiones católicas, cuya moral es consoladora y alienta al hombre en vez de aterrarle».
Debemos recordar aquí que México fue una nación mucho más poderosa que los Estados Unidos y grande espiritual y territorialmente, y rica, hasta que a través de las logias masónicas y de las sinagogas, aliadas con políticos mexicanos ambiciosos y traidores comenzó la gran tarea de zapa que el judaísmo deseaba no solamente para vengar el «antisemitismo» español y la expulsión [justa] de los judíos de España en 1492, sino para impedir la cristianización verdadera de América, porque América cristianizada, verdaderamente cristianizada por la Iglesia Católica, sería un fuerte impedimento a la larga o a la corta de los deseos mesiánicos de dominación mundial que deseaban lograr a cualquier precio a través del poder de la nación norteamericana que estaban construyendo. La miseria y la dependencia al fin se adueñaron de la nación mexicana.


México fue una nación grande pero traicionada por propios y extraños. En 1539, ¡a sólo 18 años de la conquista! ya estaba establecida en México la imprenta y esto hay que valorarlo según el año y la situación mundial en avances tecnológicos, científicos y culturales. En 1551, la Universidad de México, -que precedió al Harvard College de la colonias inglesas en unos cien años y en más de 200 años a la primera universidad de los Estados Unidos-, ya estaba funcionando. La cultura y las ciencias más elevadas penetraban al pueblo bajo la mirada amorosa de la Madre Iglesia. ¿Se puede olvidar acaso que los indios mexicanos llegaron a doctorados en Teología?

No sin razón, el Barón de Humboldt en su libro ENSAYO POLÍTICO SOBRE EL REINO DE LA NUEVA ESPAÑA, pág. 159, dijo: «Ninguna ciudad del Nuevo Continente, sin exceptuar siquiera las de los Estados Unidos, puede exhibir instituciones científicas tan grandes y solidas como la capital mexicana», y en la pág. 139 dice: «La Capital de México y muchas otras ciudades, tienen establecimientos científicos que pueden compararse con los de Europa».

Pero como de los traidores, siempre hay uno mayor, y de la porquería hay una que apesta más, conviene informarnos un poco sobre el hombre que en mayor grado favoreció en México, la penetración de las sectas protestantes. Plutarco Elías Calles.

¿QUIÉN FUE PLUTARCO ELIAS CALLES?

Según Schalman, en la Parroquia de Guaymas existió una «Fe de Bautismo» de Plutarco Elías, dice Fernando Medina Ruiz en su libro CALLES, UN DESTINO MELANCÓLICO, con fecha 28 de diciembre de 1878, en la que consta que nació un 27 de enero de 1877.

A pesar de todo, la opinión general asegura que existe un gran misterio sobre su nacimiento. El futuro presidente felón de México, tuvo siempre buen cuidado de guardar este secreto. Dice Medina Ruiz en la obra citada que el pueblo lo llamaba «turco»«…ante la nebulosidad que rodea la cuna del Zar Negro, sólo una persuasión queda en la conciencia del pueblo esclavo: por las venas de Plutarco Elías Calles, no corre sangre mexicana.

Es evidente a todas luces, que el pueblo alguna cosa extraña había percibido.

Podemos obtener algunos datos sobre los antepasados de Plutarco en el libro MÉXICO FALSIFICADO de Carlos Pereyra y en el libro AMÉRICA PELIGRA de Salvador Borrego entre otros. Manuel Elías Pérez, un judío-español, de Almazán de Soria, vino al Nuevo Mundo. «Uno de sus descendientes fue Juan José Elías, gobernador interino del Estado de Sonora, que fue padre de Plutarco Elías Luceo quien a su vez engendra a Plutarco, cuya madre fue María de Jesús Campuzano; esta señora se casó; después con Juan Calles, cuyo apellido tomó el último de los Plutarcos», dice Pereyra.

Se sabe que en Guaymas, Plutarco E. Calles fungió un tiempo como maestro de escuela primaria y como tesorero del Sindicato de Maestros, pero por sus frecuentes y grandes borracheras, no solamente descuidó su puesto al que se presentaba completamente beodo, maltratando a los niños, sino que desfalcó la caja del Sindicato y por esto lo destituyeron.

Continuando sus borracheras, consiguió al fin por influencias su tío Alejandro Elías el puesto de Tesorero Municipal del puerto de Guaymas. Brígido Caro, citado por Medina, dice que derrochó nuevamente dinero a manos llenas en cantinas y casas de prostitución, hasta que descubierto un nuevo desfalco es librado de ir a la cárcel por su tío Alejandro, que sale responsable por la deuda.

Entonces, un hermano de él, Arturo, -posteriormente cónsul de México en Nueva York-, lo pone al frente de la cantina del HOTEL DE MÉXICO, negocio que posteriormente le cede completamente. Tiempo después la cantina «se incendia», y cobra un jugoso seguro.

Con ese dinero viaja al pueblo de Fronteras, Sonora, en donde «con pistola en mano obliga a uno de sus tíos a cederle un rancho,… no se puso a labrar la tierra,… si no que rentó la propiedad a Don Manuel Elías Pérez, y él, con el producto de las rentas continuó bebiendo a lo fino y rindiéndole culto a Venus» dice Medina Ruiz en la citada obra.

Dilapida ese dinero, por lo cual parientes de él lo ayudan una vez más entregándole el molino harinero «Excelsior», propiedad de una firma norteamericana, pero la quiebra se presenta nuevamente y es despedido siguiendo su vida de tabernero.

Cuando la victoria de Madero, está Plutarco en Fronteras, Sonora. Se declara su ferviente seguidor y organiza mítines y borracheras que le valen ser nombrado Comisario de Agua Prieta, con lo que puede establecer una casa comercial, una cantina y una casa de juego, que lo convierten en capitalista. Se le achaca el asesinato de D. Manuel I. Fuentes y se asocia con el abigeo Tomás Rosas, trayendo ganado de los Estados Unidos, pero pronto traiciona a su socio para quedarse con todo el negocio.

Pereyra documenta un hecho que presenta de cuerpo entero al futuro presidente felón de México. En 1912, el jefe «felicista» Francisco Escandón entró a México por el Estado de Sonora, y el Comisario de Agua Prieta, Plutarco E. Calles, sale a perseguirlo, pero cae en manos de Escandón en la forma más estúpida. Conociendo este la trayectoria del cautivo, ordena que sea fusilado inmediatamente. Plutarco, entonces, «se arroja a los pies de Escandón, llorando y ofreciendo secundar su movimiento si le perdona la vida».

Solamente la intervención del Dr. Manuel Huerta lo salva. «Años más tarde, el cadáver de este mismo Dr. Huerta, -nos dice Pereyra-, se balanceaba siniestramente en la Plaza de Agua Prieta, mientras Calles, completamente beodo se gozaba de tan macabro espectáculo».

Inicia su «carrera» militar como teniente coronel en 1913. Obregón lo llama para introducir la Revolución en Sonora. Francisco Gómez del Rey y Hernán Díaz en su obra EL ZAR NEGRO PLUTARCO ELIAS CALLES DICTADOR BOLCHEVIQUE DE MEXICO, nos relatan las constantes fusiladas que rompen todas las noches el silencio, en las que pierden la vida honrados ciudadanos y la clausura de innumerables iglesias y colegios católicos y la expulsión de muchos ciudadanos útiles a la sociedad. El Estado de Sonora se llena, entonces, de hogares enlutados.

No hay que olvidar que estamos hablando del PADRINO de los protestantes en México. ¿Qué otra cosa podría haber para infiltrar porquería que la porquería misma? Deberían de tener los Mormones, o los Bautistas o los Presbiterianos o los del “Evangelio” Cuadrado un busto de Calles a la entrada de sus templos. Así tendrían otro fuertísimo signo de unidad aparte de ese odio común a la Iglesia Católica.

La enorme caudal de «méritos» anteriores le vale a Calles para llegar con rapidez al puesto de Ministro de Guerra de la Nación. En este puesto le escribe una carta al judío comunista yucateco Felipe Carrillo Puerto en los siguientes términos: «Tengo absoluta fe en… que muy pronto resurgirá de sus cenizas más fuerte y lleno de esperanzas para el porvenir, el Partido Socialista Yucateco». Carrillo Puerto lanzaría posteriormente a los indígenas mayas contra las poblaciones al grito de ¡Viva la República Soviet!

Los hechos espeluznantes en la península yucateca provocarían el manifiesto de Manzanares, diputado por Yucatán, que dijera entre otras cosas: «Yo acuso ante la faz de la Nación, como principal culpable de la ruina y retroceso bárbaro del Estado de Yucatán a Salvador Alvarado, cuyos satélites, Felipe Carrillo Puerto, Antonio Ascona, Castillo Torres, Florentino Avila, etc., son los continuadores de su obra nefanda, bajo el apoyo omnipotente y cruel del actual Ministro de Guerra, General Plutarco Elías Calles».

Durante el mandato de Carranza, trae Calles a infinidad de bandoleros y oportunistas comunistas de muy distintas nacionalidades, sin faltar desde luego judíos, entre los que se cuenta la blasfema conferen-cisma de origen español Belén de Zárraga, que tan duramente luchara para impedir la construcción del monumento a Cristo Rey en el cerro del Cubilete y que fundara la Liga Anticlerical Mexicana.

Calles como Obregón, es acusado de intervenir muy directamente en el asesinato de Carranza. También el diputado Emilio Gandarilla, lo acusó en una sesión pública de ser el autor intelectual del asesinato de Francisco Villa y dos compañeros suyos, provocando un gran escándalo por lo que la sesión tuvo que ser suspendida. Posteriormente obtiene de Obregón el puesto de Ministro de Gobernación que le abre el paso a la máxima investidura de la Nación. Crea desde entonces, su partido apoyado por Luis N. Morones, líder comunista de la CROM, y por la AMERICAN FEDERATION OF LABOR de los Estados Unidos, también comunista.

El 8 de agosto de 1923 el diario THE CHICAGO TRIBUNA acusa a Calles de «establecer una autocracia» tan ambiciosa como la de Lenin, y de mantener en México a una banda de aventureros extranjeros para establecer dicha autocracia. Lo acusa también de querer minar el poder del gobierno de los Estados Unidos, por medio de una gigantesca propaganda que dirige, dice el diario, «un grupo tan pequeño de una raza claramente extranjera» y costean algunos políticos de México, con el fin también de llevar a todo el continente americano al bolchevismo. El mismo periódico afirma: «El jefe de este peligroso proyecto es Roberto Haberman, un fugitivo de San Francisco, California, que desempeña el cargo de jefe de enseñanza de lenguas en el Ministerio de Instrucción Pública de México…Un corresponsal mexicano al servicio de Haberman, pasea en un automóvil regalado por el gobierno mexicano… En el grupo de Haberman figura Fred Beighton, representante de la Federated Press en la ciudad de México…Harriet Mann… está empleada en la Secretaría de Educación Pública a las órdenes de Haberman… Otro miembro del grupo es el Dr. A. Weimber. Su esposa fue ex-profesora de la Secretaría de Educación y una de las lideresas de la Unión de Maestros».

El judío Plutarco E. Calles –LA REVISTA ISRAELITA NEOYORQUINA LO PRESENTO EN SU NÚMERO DE FEBRERO DE 1929 COMO «UNO DE LOS NUESTROS»-, masón del grado 33, llega al fin a la silla presidencial acontecimiento para el cual llegan por lo menos cinco mil extranjeros principalmente representantes de la comunista AMERICAN FEDERATION OF LABOR. Es el día primero de diciembre de 1924. En esta forma, Obregón asegura su regreso al poder, su reelección, cosa que permitiría desarrollar con mayor seguridad el programa impuesto por el poder oculto mundial, en el que estaba comprometido con Calles y otros traidores.

Medina Ruiz cita de Vasconcelos lo siguiente: «…lo que ocurría en el fondo es que todas las fuerzas del poinsettismo, se habían puesto en acción para robustecer la figura macabra del hombre que había prometido a sus íntimos, aplicar… el programa íntegro del poinsettismo, a saber: la eliminación de los propietarios rurales españoles y mexicanos; la agitación obrera en contra de las industrias poseídas por europeos y mexicanos; y la persecución a la Iglesia Católica para avivar la discordia e imposibilitar la unión de la familia mexicana«.

En este marco, entra el interés por importar a las sectas protestantes que tan favorecidas fueron por Calles. ¿Qué son estas sino meros instrumentos satánicos que importan con ellos mismos sus divisiones, sus odios, su fanatismo, sus estupideces para golpear y fracturar la unidad que en México se tenía gracias a la Fe católica?

A los pocos días de su toma de poder, Calles firmaría un pacto con el comunista Luis N. Morones que contenía tres puntos: 1. Facilidades y fondos para el sostenimiento de la CROM. 2. Designación del Tovarich Morones como Ministro de Industria, Comercio y Trabajo para que pudiera organizar a los obreros de acuerdo con el programa de la CROM, y, 3. Disolución gradual del Ejército por medio de sindicatos de la CROM.

A dos meses de subir al poder, comienza Calles la persecución religiosa, cruel y sangrienta y fomenta el famoso Cisma Mexicano a cuya cabeza estaba el tristemente célebre Patriarca Pérez llamado «el Lutero Totonaca» por Medina Ruiz, quien era un sacerdote corrupto y traidor a la Iglesia que pertenecía a la logia «Amigos de la Luz» de Oaxaca. La nueva Revolución, ostentaría bautismos y matrimonios según el rito protestante o masónico.

La gran prensa norteamericana y europea, toda en manos del Judaísmo Internacional, presenta entonces a Calles como un político eminente y gran estadista, mientras cubre con una espesa cortina de silencio los verdaderos hechos y los acontecimientos de horror, traición e injusticia que todos los días tienen lugar a lo largo y ancho de las tierras mexicanas.

Pudo, entonces, verse a Calles banquetear con sus amigos norteamericanos, incluido el Embajador Morrow, brindando con agua helada en homenaje al prohibicionismo impuesto en aquel entonces en los Estados Unidos. José Vasconcelos nos dice en su libro LA FLAMA: «Durante varios años, Plutarco Elías Calles disfrutó, gracias a la inteligente protección de su amigo Morrow, de más poder del que hubiera soñado Obregón. Por su parte, el Embajador, reconocido como Pro-cónsul disfrutó de todas las satisfacciones. Se hizo aplaudir por medio de la treta de invitar a México personalidades famosas norteamericanas, como Linberg el aviador y Will Rogers el célebre cómico. El Ministro de Hacienda consultaba con el Embajador sus más arduos problemas. En las festividades públicas, el agente de Wall Street, tomaba del brazo al Presidente pelele, desentendido de las leyes de discriminación de su patria, que por allá le hubieran impedido darle la mano a negroides. Cada vez que brindaba en público, hacía ostentación de beber, en lugar de champagne, el agua helada puritana de los prohibicionistas norteamericanos. El presidente mexicano lanzaba decretos contra el uso del vino y libraba de impuestos a la Coca-Cola. Las sectas protestantes penetraron a la Secretaría de Educación y las instituciones de beneficencia, a la vez que abrían colegios patrocinados por el liberalismo nacional. El vacío religioso que dejaba la persecución contra el Clero católico, era oportunamente colmado por el Protestantismo… Se hizo todo lo que se pudo, dice Vasconcelos, para fomentar la penetración protestante que llevó hasta las aulas de la Universidad y desde luego, a la enseñanza primaria, el Prof. Moisés Sáenz, ex-pastor y Arzobispo del grupo metodista».

Ernesto del Castillo, en un artículo publicado en la revista mexicana REPLICA, dice: «Si toda una conjura internacional fue necesaria para llevar a Calles al poder, los servicios que estos conjurados le prestaron desde entonces, tenían un precio: la comunización de México, tal como ellos habían logrado de la Rusia apenas ocho años antes. Por esto Calles se lanzó contra la propiedad privada en el medio rural, entregó a los obreros en manos del rojo Morones, estableció relaciones diplomáticas con la U.R.S.S. antes que cualquier otro país de América, protegió a los jacobinos y todo tipo de exaltados, dejó que el partido comunista se fortaleciera, y llevó la persecución religiosa al máximo posible, pues sabía que los líderes católicos serían el mayor obstáculo a sus diabólicos planes… hubo expropiaciones sin indemnización», hasta que con su actitud «provocó el levantamiento armado de los católicos» que terminara al fin de mala manera, pues obligados los cristeros por los obispos traidores a entregar las armas sin haber sido derrotados, hecho que Calles aprovechó para perseguir y exterminar, después de firmada la paz, a muchos de los principales líderes del heroico movimiento, impiden, sin embargo, la realización total de los planes que el Judaísmo mundial tenía para México.

Mientras tanto, Calles había traído a México a diez mil judíos de Europa y Estados Unidos y buscaba darles acomodo, y ultimaba con su consejero y amigo, el Rabino Martín Zielan, los arreglos para que otros noventa mil entraran al país al año siguiente.

Es interesante lo que el Boletín de Guerra núm. 11 de los cristeros dice al respecto de esa inmigración: «Todo en Calles nos habla del odio hebreo hacia Cristo, ese odio que después de haber levantado un cadalso para el Hijo de Dios en el Gólgota, sigue persiguiendo y perseguirá hasta el fin de los siglos, la vida mística de Cristo, en Su Iglesia. Calles, antes de subir al poder, con el pretexto de ir en busca de alivio a sus males sifilíticos en los sanatorios europeos, fue a recibir órdenes de sus correligionarios los judíos, en varios centros del antiguo continente y en los Estados Unidos de Norteamérica, en donde, al regresar a México, dijo públicamente a los israelitas que allí andaban sin casa ni oficio, que tendrían en México su hogar».

El resultado de esta actuación infame, fue el levantamiento de los mismos jefes revolucionarios como Serrano y Gómez -Serrano terminaría arteramente asesinado por el mismo Calles-, y el desplome increíble de la economía. El fantasma del hambre se comenzaba a levantar por el horizonte mexicano. Solamente entre 1924 y 1928, cincuenta y dos mil trabajadores emigraron a los Estados Unidos en busca de trabajo y de pan para sus hambrientos hijos. Calles es el padrino de las emigraciones de «mojados» a los Estados Unidos. Todos ellos deberían de llevar al cuello una imagen de Plutarco, para ver si los protege de la migra norte americana.

Al calor de estos acontecimientos, Obregón es reelecto presidente de México, cargo que no pudo ocupar porque José de León Toral en un acto que la publicidad judaica ha calificado de fanático, puso fin a la vida de este infame. Quedó entonces así, truncado su plan de perpetuarse en el poder. Vasconcelos en LA FLAMA nos dice: «La posesión del partido político oficial iba a prolongar el poderío del grupo, puesto que bastaba irse turnando en la Presidencia para garantizar a todos, los bienes mal adquiridos y el poder que impide tener que responder ante algunas autoridades de sus abusos y de sus crímenes».

Este sistema para conservarse en el poder se los había enseñado el Embajador Dwight Morrow. En su libro EL PODER DE LOS PARTIDOS dice: «No es el primer caso en la historia, en que una banda de pillos se apodera indefinidamente del mando sobre un pueblo ignorante e inerme. Les doy el secreto para conservarse en el poder. En vez de ponerse a reñir entre ustedes, únanse en un partido que os garantice a todos la impunidad y la perduración en el poder... La mejor manera de mantener entre ustedes la unidad que los hará invulnerables, consiste en que se pongan de acuerdo para ir otorgando la sucesión en el mando a miembros de confianza del grupo».

Sin embargo, los aliados internacionales de Calles consideraron que ya no les servía y lo abandonaron. Los hombres sucios, juegan sucio. No pudo conservarse como Jefe Máximo de la Revolución más de dos años entrada la administración de Cárdenas, quien lo traiciona y lo destierra. Calles muere completamente olvidado y privado de todo poder y reconocimiento en los Estados Unidos.

Dice Ernesto del Castillo, que el mejor epitafio que podemos grabar en la tumba del «Maestro Mechas» -porque así le apodaban cuando era un maestro de escuela beodo-, es aludiendo a la forma en que hizo fracasar en México la intentona de hacer en esta Nación una segunda Rusia.

Es revelador el discurso del Presidente Portes Gil que pronunció en una comida que los masones le ofrecieron el 27 de julio de 1929: «Mientras el Clero, dijo, fue rebelde a las instituciones y a las leyes, el Gobierno de la República estuvo en el deber de combatirlo como se hiciera necesario… Y ahora, queridos hermanos, el Clero ha reconocido plenamente a las leyes. Y no podría yo negar a los católicos de mi país el derecho que tienen de someterse a las leyes. La lucha no se inicia. LA LUCHA ES ETERNA, LA LUCHA SE INICIO HACE VEINTE SIGLOS… En México, el Estado y la Masonería en los últimos años han sido una misma cosa; dos entidades que marchan aparejadas, porque los hombres que en los últimos años han estado en el Poder, han sido siempre solidarios con los principios revolucionarios de la Masonería». Tomado de la revista CRISOL, núm. 116 de agosto de 1929.

Pero aquí es interesante copiar de la ENCICLOPEDIA DE LA MASONERIA Y SU RELACIÓN CON LAS CIENCIAS (Albert Gallatin, M. D. 33, San Antonio Texas, Primera Edición Española, pág. 1530) lo siguiente: «Cada logia es y debe ser un símbolo del templo judaico; cada maestro en funciones un representante del Rey Salomón; y cada masón, una personalidad característica del obrero judío».

El Informe Anuel de 1928 publicado por el Comité de Cooperación mencionado más arriba, dice: «Dícese que el Presidente Calles dijo recientemente a un amigo personal que él había preparado el terreno para los evangélicos, pero que estos deben hacer lo demás, si desean recoger la cosecha. Ciertamente las puertas están abiertas de par en par para las iglesias evangélicas nacionales de México. Y nosotros debemos simpatizar con ellas y ayudarlas con todos los medios posibles a cumplir con su deber y aprovecharse de sus grandes oportunidades».

La revista protestante MISSIONARY REVIEW OF THE WORLD del mes de agosto de 1929, escribió lo siguiente: «Yo he preparado y abierto el surco, declaró Calles, a ustedes les toca sembrar».

El escritor A. Bessieres en su libro LE MEXIQUE MARTYR, París, 1928, escribe: «La política religiosa de Plutarco Elías Calles se resume en dos líneas: someter o eliminar al catolicismo; apoyarse para lograrlo en la Masonería Internacional, sobre todo americana, en el Protestantismo y en los judíos».

El odio de Calles a la Iglesia Católica, puede explicarse leyendo el libro MÉXICO ROJO del escritor inglés Francis McCullagh, quien dice que un periodista norteamericano que habló largamente con él, declaró luego su asombro porque la actitud de Calles «revela no el odio de una vida, sino de muchas generaciones de odio».

El 28 de mayo de 1926, de manos del Supremo Gran Comendador del Rito Escocés Luis Manuel Rojas, el presidente Calles recibe la MEDALLA AL MERITO MASONICO en el Salón Verde del Palacio Nacional. Rojas dijo en su discurso de imposición: «La Orden que tengo el honor de presidir, no ha concedido jamás esta alta distinción. Ella ha sido decretada al extraordinario mérito, del cual os habéis hecho acreedor como Presidente de la República, resolviendo en tan poco tiempo los más graves problemas… Nosotros daremos solemnemente a conocer a los gobiernos y a las sociedades masónicas, la recompensa que habéis merecido». ¡Qué contento debió de haber estado el Maestro Mechas en aquel momento! Sus ojitos de beodo deben haber brillado como dos diamantes.

Este reconocimiento creado especialmente para Calles ¿no recuerda también al reconocimiento creado por las logias italianas especialmente para Juan Pablo II?

El día 12 de agosto de 1926, el TRIBUNA de Roma publicó un artículo revelador que luego fue reproducido en todas partes. Así, por ejemplo lo hizo la revista católica AMÉRICA y el Diario liberal LA PRENSA de Buenos Aires. Dice: «La Masonería Internacional, acepta la responsabilidad de todo lo que pasa en México, y se dispone a movilizar todas sus fuerzas para la ejecución completa, total del programa que ha fijado para este país».

La expulsión de la Iglesia Católica era uno de los puntos del plan. Durante la persecución, fueron cerrados 2,608 colegios y escuelas católicas. Infinidad de casas para niños pobres, muchos de los cuales fueron arrojados a la calle para pedir limosna y morir de hambre, pero los colegios y las escuelas protestantes se fundaban por todos lados y las casas para niños pobres abrieron sus puertas. En muy poco tiempo, ya habían más de 200 colegios protestantes abiertos bajo el consejo del “obispo” Creigliton y la cooperación de Moisés Sáenz también obispo protestante y a la vez sub-secretario de Educación Pública de México. Por otro lado, para llenar el vacío, la Masonería fundó mil cien escuelas nocturnas dirigidas por masones.

El NEW YORK HERALD el 20 de febrero de 1926 habló de esta situación en los siguientes términos: «Mientras se diezma a los católicos, los protestantes, gracias a la protección de su gran líder Moisés Sáenz, hermano del Ministro de Relaciones Exteriores, trabajan con plena libertad y desarrollando una actividad prodigiosa; 200 escuelas e institutos metodistas continúan sus cursos bajo la alta protección del obispo episcopaliano de México Creigliton… se han clausurado los seminarios católicos pero el seminario evangelista de México, jamás se vio con mayor prosperidad. El obispo Georges Milles, director general de las Iglesias Metodistas no deja de alabar las finezas de Calles. En el momento en que se cierran los seminarios católicos de Guadalajara, Ciudad Guzmán, etc., los protestantes de Saltillo celebran… la apertura de un nuevo colegio. En México, mientras se fusila a los jóvenes católicos, la asociación cristiana de jóvenes protestantes da un gran banquete bajo la presidencia de… Moisés Sáenz, y el presidente Calles se halla representado».

Dos años antes, en el Consejo Supremo de la Masonería que se celebró en Ginebra en 1924, se decretaba la «desromanización» de la América Latina, comenzando con México.

En 1919, el Secretario del Comité de Cooperación Mr. S. Imann, escribió en la revista THE CHRISTIAN WORK un artículo que revela que los protestantes también participaron en la matanza de católicos: «Cuando comenzó la Revolución Mexicana, las Iglesias Protestantes se lanzaron a ella casi unánimemente porque creían que el panorama revolucionario contenía lo mismo que ellas habían estado predicando desde años atrás, y que el triunfo de la Revolución, significaba el triunfo del Evangelio. Hubo congragaciones protestantes enteras, encabezadas por sus pastores que se enlistaron voluntariamente en el Ejército Revolucionario, y mientras los hombres iban al frente, las mujeres los ayudaban desde sus casas. Muchos protestantes ocupan ahora, puestos de prominencia en el Gobierno Mexicano. El pueblo mexicano ha visto, cómo los protestantes, favorecían a la Revolución, y estaban dispuestos a combatir por su programa» (Citado por el LITERARY DIGEST, el 27 de septiembre de 1919).

EL TEJIDO DE SATANAS

LA RELIGION DEL ANTICRISTO

El escritor protestante Van Baalen dice en EL CAOS DE LAS SECTAS que «el estudio de los cultos sectarios convencerá a los cristianos verdaderos de la necesidad de estudiar más dignamente la Fe dada una vez a los Santos. Los Mormones, los Testigos de Jehová, los Adventistas del Séptimo Día, tienen limpio siempre listos sus «versículos demostrativos», -que frecuentemente llevan marcados con rojo o azul en sus Biblias. Por el contrario, ¡hay que fijarse muy bien de esto que dice este autor protestante!-, «los que siguen la sana doctrina, con harta frecuencia son incapaces de enfrentarse a esos textos con argumentos de la Escritura; convincentes y decisivos». 

Lo que ahora dice este protestante defendiéndose de los Mormones, de los Adventistas y de los Testigos de Jehová porque hay sectas más antiguas que se sienten afectadas por el furioso y deshonesto proselitismo de ellas, que arremeten lo mismo contra los católicos que contra los fieles de otras denominaciones protestantes, es exactamente lo mismo que todas las sectas protestantes han hecho contra los católicos. Es el sistema general que ha arrancado a tantos católicos de la Iglesia. Les presentan textos bíblicos que no saben contestar y muchos menos combatir, aislados del contexto, que los desorienta brutalmente y termina por apartarlos de la Fe apostólica. Este truco efectivo, estructurado en las oscuridades de las mentes judías de Levita, Sformo o Loans, no ha pasado de moda y aún hoy sigue siendo utilizado por los protestantes con mucho éxito. 

El vaivén desesperado y frenético de una secta a la otra en una búsqueda sin fin que no es otra cosa que el quebrantamiento de la unidad que da la fuerza y que deja a las masas vulnerables es el objetivo. El apartamiento de los pueblos de la Iglesia para hacerlos caer en un mar embravecido de olas que vienen y van y que se estrellan por todas partes es el objetivo. La división de las familias en las que se introducen gravísimos problemas religiosos, origen de muchos otros e incluso su misma desintegración, y la desintegración de la sociedad que se enfrasca en luchas lamentables y peligrosas, es el objetivo. Esta anemia espiritual, familiar y social es indispensable para esclavizar a los pueblos a fin de llevarlos al Gobierno Mundial que se está preparando y que quieren imponer tiránico y opresor. 

El Protestantismo creado para pulverizar, para diluir, para desorientar no forma mas que una parte de la doctrina del Anticristo. El escritor judío Josué Jehouda citado antes, tiene razón cuando afirma que con «la Reforma Protestante que estalló en Alemania, cincuenta años después del Renacimiento, la universalidad de la Iglesia quedó destruida«. Una nueva era comenzaba. 

Leonardo Castellani cuando dice que la cuna del Anticristo es la mezcla del Liberalismo, del Comunismo, del Modernismo, del Ateísmo, del Protestantismo y del Capitalismo liberal, no se estaba equivocando. Son las potentes fibras que forman la cuna anticrística, introducidas en las venas y hasta en los vasos capilares de la sociedad actual, imposibles ya de eliminar. 

Los Papas desde Roma advirtieron infinidad de veces del peligro que se estaba levantando por los horizontes del mundo, a través de sus escritos, a través de su palabra, pero o no fueron comprendidos o simplemente no fueron escuchados por los hombres de los últimos tiempos cuya fe se enfriaba, o por las piezas de un ejército invasor que ya comenzaba a forzar la entrada a la Ciudadela de la Iglesia.

Hay que reflexionar dos cosas importantes que nos ubicarán mejor en el tiempo que nos ha tocado vivir y luego relacionarlas.

1.- Cuando los protestantes se reunieron, como hemos visto más arriba, para comenzar la penetración en México y en la América Latina, allá estuvieron casi todas las sectas que pululaban en la Unión Americana, que predican doctrinas encontradas y que unas a las otras se condenan como herejes e incluso como anticristianas. El aceptar ubicarse en muy definidas zonas de México, dejando manos libres para que las otras sectas trabajen en otros territorios a los que van a infectar con doctrinas que han condenado, manifiesta con claridad dos cosas: a) que no hay un verdadero celo por la verdad que Cristo predicó, porque sería impensable que un grupo que se considera la verdadera Iglesia de Cristo, permitiera que otros grupos que predican el error lo lleven a ciertas regiones de un país de acuerdo a un plan en el que han participado. ¿A dónde nos lleva esto?, pues es sencillo: b) a descubrir sobre todas las sectas protestantes, a una mano que dirige en las sombras, a la que todos obedecen y se amoldan.

2.- Después del C. Vaticano II, una enorme embestida de doctrinas protestantes se “introdujeron” con el pretexto del Ecumenismo y de la unidad de los cristianos [y los protestantes]. Claro que extraña mucho que se esté buscando la unidad en lo que está torcido y no en la excelencia. La liturgia se vio profundamente deformada y degradada a formas protestantes tan antiguas como los tiempos en los que los anglicanos cambiaron el culto católico para destruirlo. Las doctrinas se han ido retorciendo cauta y gradualmente hacia el Protestantismo y poco a poco, el pueblo católico ha sido convencido de que se está caminando bien, y esto ha tenido tanto éxito, que el mismo pueblo condena ya las formas católicas y prefiere abiertamente todo lo que tiene un espíritu protestante. Se está caminando aceleradamente a una “Iglesia” Sincrética Universal con el beneplácito del pueblo prostituido.

Hubiese sido absolutamente imposible que la influencia de las doctrinas protestantes afectaran en alguna forma a la ortodoxia católica. ¿A dónde nos lleva el estado actual general de cosas?, sencillo: hay una mafia infiltrada en las cumbres más elevadas -ya denunciadas por el Papa San Pío X desde principios del siglo XX, por lo cual esto no es nada nuevo-, que se han ubicado en los lugares en los que el culto y las doctrinas se determinan. Pero aquí se vislumbra una cosa más, que creo que es la más aterradora: las mafias anticristianas que controlan al Protestantismo y las mafias que controlan hoy a la [falsa] “Iglesia” católica, son una misma cosa y están llevando adelante un plan conjunto con óptimos resultados. No debe extrañar esto pues San Pablo predijo la Apostasía en su segunda carta a los tesalonicenses, y en sus apariciones en La Salette, la santísima Virgen María anunció que Roma perdería la Fe y se convertiría en la sede del Anticristo. ¿Y quién puede decir que esto no lo tenemos presente?

EN EL APOCALIPSIS SE PREDICE

LA REVOLUCIÓN DEL SIGLO XVI.

Indudablemente la herejía revolucionaria de Lutero, de Calvino y de Enrique VIII, está profetizada en el Apocalipsis. Veamos por qué: en el capítulo VIII leemos lo siguiente meditando lo que someramente he expuesto en las páginas anteriores: «Hubo entonces pedrisco, fuego mezclados con sangre, que fueron arrojados sobre la tierra; la tercera parte de la tierra quedó abrasada, la tercera parte de los árboles quedó abrasada, toda hierba verde quedó abrasada. Tocó el segundo ángel [se está hablando de las siete plagas que caen sobre la Tierra cuando los ángeles tocan las siete trompetas o tubas, cada uno después del otro]. Entonces fue arrojado al mar algo como una enorme montaña ardiendo, y la tercera parte del mar se convirtió en sangre. Pereció la tercera parte de las criaturas del mar que tienen vida, y la tercera parte de las naves fue destruida. Tocó el tercer ángel… Entonces cayó del cielo una estrella grande, ardiendo como una antorcha [¿Inglaterra?]. Cayó sobre la tercera parte de los ríos y sobre los manantiales de agua. La estrella se llama Ajenjo. La tercera parte de las aguas se convirtió en ajenjo, y mucha gente murió por las aguas que se habían vuelto amargas [el ajenjo es amargo]. Tocó el cuarto ángel… Entonces fue herida la tercera parte del sol, la tercera parte de la luna y la tercera parte de las estrellas, quedó en sombra la tercera parte de ellos. El día perdió una tercera parte de su claridad y lo mismo la noche». 

Es necesario leer el texto del Capítulo XV también, para establecer las diferencias, las coincidencias y las conclusiones que resultan de la comparación de las plagas primeras debidas al toque de las trompetas con las siete plagas últimas de las copas derramadas por los siete ángeles. 

Dice el Cap. XV: «Y oí una fuerte voz que desde el Santuario decía a los siete ángeles: Id y derramad sobre la Tierra las siete copas del furor de Dios. El primero fue y derramó su copa sobre la Tierra; y sobrevino una úlcera maligna y perniciosa a los hombres que llevaban la marca de la Bestia y adoraban su imagen [San Juan habla ya del tiempo anticrístico y final del mundo]. El segundo derramó su copa sobre el mar; y se convirtió en sangre como de muerto, y toda alma viviente murió en el mar. 

“El tercero derramó su copa sobre los ríos y sobre los manantiales de agua y se convirtieron en sangre [no dice que una parte de ellos o sólo la tercera parte, sino todos]. Y oí al ángel de las aguas que decía: Justo eres tú, Aquel que es y que era, el Santo, pues has hecho así justicia: ellos derramaron la sangre de los santos y de los profetas, y tú les has dado a beber sangre; lo tienen merecido. Y oí que el altar decía: Sí, Señor, todopoderoso, tus juicios son verdaderos y justos. El cuarto derramó su copa sobre el sol; y le fue encomendado abrasar a los hombres con fuego y los hombresfueron abrasados con un calor abrasador. No obstante blasfemaron del nombre de Dios que tiene poder sobre tales plagas y no se arrepintieron dándole gloria. El quinto derramó su copa sobre el trono de la Bestia, y quedó su reino en tinieblas [no se apagó la tercera parte de la luz del sol, como en las otras plagas, sino que la oscuridad fue total. La doctrina quedó en silencio absoluto]; los hombres se mordían la lengua de dolor. No obstante blasfemaron del Dios del Cielo por sus dolores y por sus llagas, y no se arrepintieron de sus obras». 

Todo el escenario que nos describen las últimas plagas de las siete copas, surgieron en el tiempo del Anticristo. No se contamina la tercera parte de los ríos y de los manantiales de agua, sino todos ellos. Todos los ríos y manantiales de agua, se convierten en sangre como de muerto. En un fluido podrido, repulsivo y contaminante. 

¿Qué son los ríos y los manantiales de agua según San Gregorio Magno?, en su obra LOS MORALES (Lib. XVIII, Cap. XXXVII, 58) dice que son los corazones de piedra de los gentiles, abiertos milagrosamente como en el desierto se abrieron las piedras de las que manaron agua para dar de beber al pueblo de Israel, a fin de que de ellos manaran los Mandamientos y fueran capaces de la santa predicación. En el caso de las últimas plagas, el líquido que sale de la sede del Anticristo y de todas las sedes unidas a él, no es el agua de la Doctrina, sino que es sangre de muerto. 

En las primeras plagas, el día pierde la tercera parte de su claridad y el Sol pierde la tercera parte de su luz -la Iglesia-. En las últimas plagas, todo queda en tinieblas. La oscuridad es total. Es la Apostasía. La suma de todos los errores. Estas pocas reflexiones son suficientes para saber que San Juan está hablando de dos tiempos muy distantes en la historia de la Iglesia. 

El primero que no puede ubicarse en los siglos en los que la Iglesia triunfante y poderosa fue la reina a pesar de las luchas que sostuvo contra innúmeros enemigos. Hay que ubicar este tiempo después del año de 1,300 y esto nos lleva directamente a la revolución protestante. 

El segundo, el mismo Apocalipsis lo ubica con claridad al final de la historia, en el tiempo anticrístico -el trono de la Bestia quedó en tinieblas-. En el primero se nos describe la acción de los enemigos en férrea alianza contra Cristo que hacen mucho daño. 

La contaminación afecta a la tercera parte de las almas, a la tercera parte del poder de la Iglesia, a la tercera parte de su influjo benéfico sobre el mundo. La tercera parte de su resplandor desaparece. Este es el Protestantismo con todas las desgracias que trajo su tiempo, su tragedia, su corrupción. El segundo tiempo es el Modernismo llamado también Progresismo, denunciado por San Pío X como la suma de todas las herejías, destructor de toda religión y no solamente de la Iglesia Católica. Indudablemente el Modernismo o Progresismo, es la herejía del fin, pues un error que los contiene a todos, no puede ser seguido por otro mayor, porque ya consiste en una complejidad insuperable. En el Modernismo se encuentran muchos de los elementos de la revolucionaria herejía iniciada por Martín Lutero en el siglo XVI, como se encuentran elementos de toda otra religión pagana. 

En este tiempo peligroso y resbaloso, en el que incluso los pastores se han convertido en lobos, hay que recordar muy especialmente el texto del Apóstol San Juan de su segunda Epístola, cap. I, v. 10: «SI ALGUNO VIENE A VOSOTROS Y NO ES PORTADOR DE ESTA DOCTRINA [la que se predicó desde el principio sin sombra de alteración] NO LE RECIBAIS EN CASA NI LE SALUDEIS, PORQUE EL QUE LE SALUDA, SE HACE SOLIDARIO DE SUS MALAS OBRAS«. O las palabras del Cap. III, 10 de la Epístola a Tito de San Pablo: «AL SECTARIO, DESPUES DE UNA O DOS AMONESTACIONES, REHÚYELE, YA SABES QUE ESE ESTÁ PERVERTIDO Y PECA, CONDENADO POR SU PROPIA SENTENCIA»

El surgimiento del Protestantismo, tenía varias causas. El cautiverio de los papas en Avignon; el cisma de Occidente acompañado de innumerables e intensas campañas antipontificias; las herejías de los wicklefistas y husitas dirigidas contra el poder de los papas que comenzaban a predicar doctrinas adoptadas después por Lutero; pero sobre todo, la corrupción y la relajación de costumbres, no solamente de los últimos papas del siglo XV, de la Curia, del clero regular y secular y del pueblo en el que ya se comienza a advertir, independientemente de su propia corrupción, una cierta aversión a la Iglesia. Este espíritu antieclesiástico y antiromano fue fomentado también por la actividad del Renacimiento, particularmente por Erasmo y sus partidarios, con sus sátiras y diatribas contra los conventos, contra el clero y contra la Curia romana. Estando así preparado el caldo de cultivo en el que el pueblo se revuelca, bastó una chispa lanzada por Lutero para que sobreviniera un furioso incendio que casi arrasa a la Europa cristiana. ¿Cómo pudiera ser que tal estado de cosas no tuviera los resultados más lamentables conocidos muy bien por la verdadera historia?

Hillaire Belloc dice que el accidente más trágico de la Reforma Protestante, fue la apostasía de Gran Bretaña. Tal vez la Reforma no sería hoy más que un episodio histórico sin consecuencias, si hubiera permanecido firme uno de los más sólidos pilares de la Cristiandad medieval: la antigua Bretaña. Pero ese pilar cedió y su caída determinó el carácter permanente de la Reforma.

No es aventurado ver en el toque de la tercera trompeta, por el cual, una estrella grande, ardiendo como una antorcha -grande estrella por su antigua luz y ardiendo llena de fuego caer para contaminar las fuentes de agua viva y los manantiales de la Doctrina- cae a Tierra en la apostasía de la nación inglesa.

En mil años de vida católico-romana, se plasmó lo que hoy constituye los más altos valores del espíritu inglés. En la Pascua del año 597, se convertía Etelberto y diez mil de sus súbditos mientras Agustín instalaba su sede arzobispal en Canterbury y así, el paganismo antiguo retrocedía con gran violencia en la que llegó a ser llamada la «isla de los santos». Con el catolicismo, penetró la vieja cultura grecorromana que civilizó a los bárbaros. Las letras, las artes, la jurisprudencia cobraron impulso notable. Las gentes se elevaron espiritualmente y construyeron catedrales. De esa época provienen los usos y costumbres que forman la base de la actual organización política inglesa. Los reyes eran héroes cristianos y terror de los enemigos de la nación y de la Fe y toda la nación aspiraba hacia un fin superior. Ninguna nación en la historia asimiló con tal intensidad y en un tiempo tan breve, la cultura y la vida cristiana. Incluso reyes y señores lo abandonaron todo para hacerse monjes. En el calendario sajón, veintitrés reyes se veneraban como santos. Los monasterios que fundó Agustín, y sus cuarenta monjes se multiplicaron asombrosamente y fueron centros de influencia cultural y espiritual famosos por toda la Cristiandad. El amor a la libertad en el orden, le viene a los ingleses de aquel tiempo como su respeto a la dignidad humana, a la disciplina social, su culto a la familia y al hogar y todo lo que constituye la esencia más pura del espíritu inglés, viene de aquellos evangelizadores que llevaron la Doctrina de Cristo. El catolicismo que embalsamó a Inglaterra, con los perfumes de San Beda, de San Anselmo, de San Columna que construyó las catedrales de Lincoln, de Canterbury, de Westminster e innumerables abadías, cuna de la auténtica cultura inglesa, se vio severamente oscurecido con esta revolución infame luterana que dañó a toda la cristiandad.

Porque los pueblos que pudieron ser evangelizados, culturizados y formados desde más antiguo por la Iglesia de Cristo, se elevaron a cumbres espirituales y culturales insospechadas por los pueblos paganos o bárbaros que se convirtieron, lo mismo que los pueblos que llegaron más tarde y cuya evangelización fue impedida o truncada por los eternos enemigos, quedaron sumergidos parcial o casi completamente en la barbarie, en la incultura, en la irreligión y en la dependencia. ¿No se cambiaba, como decía W. Churchill, a esos pueblos la religión con la civilización que los elevó en la técnica y en la ciencia y los mantuvo en la barbarie? Los protestantes al prescindir de la historia y de la Tradición con toda su benéfica carga, como verdaderas bestias brutas, queriéndolo o no, se vieron reducidos a recurrir a la “sola” Biblia como su única fuente, porque no hay otro expositor de sus doctrinas que el juicio personal para interpretarla y demolieron los cimientos sobre los cuales se habían construido los pueblos y la ciudad de Dios.

Desde la cuna, los paganos calificaron a la religión de Cristo como peligrosa superstición. La atacaron los agnósticos y los disidentes de la misma Iglesia. Hasta el Edicto de Milán, los emperadores romanos la persiguen. Luego los emperadores convertidos a la Fe cristiana celosos de su poder espiritual también la persiguen. Surgen las luchas teológicas. Iglesias enteras se apartan de Roma en pos de cismáticos y heresiarcas. Momentos hay en los que, como el del Concilio de Rímini el mundo gime al verse seguidor del Arrianismo. Triunfa la ortodoxia, pero la Iglesia hace frente al Nestorianismo, al Monofisismo, al Pelagianismo, a inmensos cismas como los de Acasio, y luego el de la Iglesia Oriental. Penetra la corrupción por todo el cuerpo y llega a manchar la púrpura romana, pero ella constantemente se reconstruye, rehace sus filas, rehace la pureza de sus costumbres, enfrenta a reyes y emperadores, lucha en cien frentes contra políticos, filósofos y falsos teólogos sin transigir jamás frente al error o hacer alianzas con la corrupción del mundo, porque sabe la Iglesia que la unidad de todos los hombres requerida por Dios, sólo se puede dar en la unidad de espíritu, de doctrina y de propósitos. La unidad en la diversidad es una estupidez pagana. Esta es la continuidad histórica que corresponde a la continuidad doctrinal de la verdadera Iglesia. Si existe una forma de Cristianismo tal que se extienda a todo el mundo, y subsista bajo emperadores, gobiernos y magistrados hostiles, que tenga como antagonistas a poderosas naciones y a grandes imperios, que con el cisma haya perdido iglesias y sean sus adversarios “iglesias” que fueron antes parte de ella misma, perseguida su grey, ocupadas sus iglesias y destruidas, que en otros lugares contemple a sus miembros degenerados o corrompidos, y que siempre tenga una sola voz cuyas decisiones esperan los pueblos confiadamente y que las naciones levanten su mirada a una sola sede, esa no es distinta Iglesia a la que hubo hasta el siglo quinto. Esa es la Iglesia verdadera de Cristo. Esa es la Iglesia que como pasando como un hilo de oro, puede establecer una línea que la conecta a través de la historia con la Persona del divino Crucificado.

Pero debía pasar una última prueba, lo mismo que Cristo la pasó al ser perseguido y luego llevado a la Cruz para morir asesinado por la maldad de los hombres. Debía subir a su Calvario en el tiempo del Anticristo, anunciado desde el tiempo de los Apóstoles. Porque, ¿cómo se puede resucitar para la gloria y para la vida eterna si no se está muerto? Misterio inexplicable de Dios. Y la revolución protestante, es la violenta sacudida que aunque se manifiesta desde el siglo XVI, prepara ya la cama del Anticristo para cuatro siglos adelante. La Iglesia responde con la celebración del Concilio de Trento, que no es una mano tendida hacia la unidad en el error, sino un poderoso brazo extendido para rescatar a los hombres del naufragio de la herejía. Esta es su diferencia esencial con el Conc. Vaticano II celebrado en el momento anticrístico en el que las células del Anticristo llenan a la Iglesia a reventar, pretendiendo hacer con la raza humana una masa multiforme que mezcla toda religión en su camino para crear una religión sincrética universal creada por los enemigos de Dios. 

El cuerpo humano, con el tiempo se desarrolla y alcanza su debida proporción pero permanece idéntico a lo que era. Un desarrollo que significara un cambio de tipo fisiológico, sería repugnante a la naturaleza. Cuando un desarrollo doctrinal implica un cambio de tipo, se puede oler claramente la pestilencia de la herejía y el hedor de lo sucio. En el plano intelectual, la herejía es un monstruo fisiológico. Un hombre no es un niño agrandado, sino un niño desarrollado. En su crecimiento no hay corrupción. Pero para los progresistas que inspiraron el Conc. del siglo XX, huele a rosas lo que está podrido, ven bondad en lo agresivo y belleza en lo monstruoso y en lo que está deforme y grotesco. Y se empeñan en creer verdadero, lo que creen que es verdadero [pero que siempre fue falso]. Entre los extremos de la herejía y los inevitables extremos de la verdad, los espíritus pusilánimes o los espíritus traidores, buscan siempre un término medio. La diferencia entre la religión natural y la revelada, consiste en que una tiene autoridad subjetiva y la otra la tiene objetiva. ¿Cómo puede ser posible una armonía entre las dos cosas?, ¿no es esta cosa un verdadero monstruo que se pretende ser el hijo del Modernismo y del Conc. Vaticano II?

Ante las terribles exigencias de la verdad, se debe temblar ante los sacrificios que esto representa. Verse obligado a adoptar decisiones extremas en momentos de angustia y necesidad. Caminar en medio de la noche, para sacar a la luz la verdad. ¿Será esto posible en nuestro día, cuando uno de los peores síntomas de la decadencia y degradación de nuestra civilización, es la indiferencia a la verdad?

San Pablo en su Epístola a Timoteo (Cap. III, v. 1) describe a los hombres del final del mundo, aquellos que han de vivir en un mundo enfermo y agonizante, y lo hace con tal exactitud, que no se puede comprender sin la revelación. ¿Esta clase de hombres, van a salvar a nuestra civilización cristiana y a la Iglesia?: «Ten presente que en los últimos días, dice, sobrevendrán momentos difíciles; los hombres serán egoístas, avaros, fanfarrones, soberbios, difamadores, rebeldes a sus padres, ingratos, irreligiosos, desnaturalizados, implacables, calumniadores, disolutos, despiadados, enemigos del bien, traidores, temerarios, infatuados, más amantes de los placeres que de Dios, que tendrán la apariencia de piedad…»

Estos hombres han aceptado toda la infección del Protestantismo injertada en [lo que era:] la Iglesia, en su Doctrina, en su disciplina, en los Sacramentos y en el santo Sacrificio de la Misa incluso, como una “nueva” visita del Espíritu Santo que viene a “renovar”, que viene a “refrescar las doctrinas” y las estructuras “caducas”; estos son los hombres que adoran al dios dinero que codician más que a cualquier cosa, para proporcionarse cualquier placer adicional; estos son los hombres que a cambio de tranquilidad, permiten que a sus hijos les envenenen el alma en los institutos, en las escuelas, en las universidades, en todos los medios modernos de difusión porque han preferido desde el fondo de sus almas corruptas, un mendrugo de porvenir y de seguridad mundana para sus descendientes, que un futuro promisorio en la Patria celestial logrado aún con renuncias y sacrificios; estos son los hombres que han visto con estólida indiferencia acercarse al Anticristo y penetrar en el santuario para destruirlo todo o deformarlo todo, incluso el propio futuro del mundo que les importa un comino porque el aquí y ahora todavía les satisface y les parece seguro y placentero; estos son los hombres de hoy, fríos, indiferentes, o tibios cuando mucho, que nada oyen, que nada entienden y que sólo podrán despertarse cuando la tempestad ruja sobre sus cabezas. El despertar jubiloso de la conciencia cristiana; la revolución en las aulas y en las almas; los clamores contra la apostasía mundial; las voces que gritan la verdad sobre los tejados; la revisión de la historia; los anhelos de un retorno al espíritu cristiano que no envejece; las luchas por la Fe en las que se entregan esfuerzos, sangre e incluso vida, no sólo están lejanísimos, sino que creo que en este estado de cosas son imposibles. Y es que [casi] todos los hombres, llevan en lo más íntimo de su alma, una semilla de la Apostasía imperante. 

APENDICE I

Lutero con los protestantes, afirman que ellos le dieron a conocer al pueblo las sagradas Escrituras y los modernistas o progresistas predican a gritos que sólo después del Conc. Vaticano II, la Iglesia le hizo llegar al pueblo el texto de las sagradas Escrituras. Nada de esto es cierto. Esas afirmaciones son mentirosas. Eso se le dice a un pueblo ignorante que se manipula para llevarlo al error y a condenar a la Iglesia de antes del cacareado Conc. Vaticano II. Veamos:

En el siglo II, los coptos tradujeron la Biblia a su idioma vernáculo. En Etiopía se hizo lo mismo en el siglo IV. Las versiones árabes que existen, datan del siglo VIII al XIII. Las versiones siríacas datan del año 460, 466 y 616. Esta última realizada por Pablo de Telia. El corepíscopo Policarpo, tradujo la Biblia en 508. La versión armenia hecha por Taciano es del siglo V. La versión geórgica es del siglo VI. La versión eslava es hecha en 869 por San Cirilo y en 885 por San Metodio. La versión gótica hecha por el Obispo Ulfilas es del año 381. Las versiones latinas anteriores a la Vulgata son varias, y la misma Vulgata de San Jerónimo. 

Además, alrededor de setecientos tratados de distintos autores sobre la Vulgata existen antes del siglo IX, y reproducciones completas vienen a probar la labor de la Iglesia para difundir la Biblia entre los fieles. Entre esas reproducciones completas, están: Turonensis o Pentateuco de Tours [siglo VI], Biblioteca Nacional de París; el Codex Sangallensis [Evangelios] del siglo VI en San Gallen; Codex Fuldensis [Nuevo Testamento] del siglo VI en Fulda; el Codex Otobonianus [Heptateuco] del siglo VII que está en la Biblioteca Vaticana; el Codex Foroiuliensis [Evangelios] del siglo VII en Cividale; Codex Oxoniensis [Evangelios] del siglo VII, en la Biblioteca Bodleiense de Oxford; el Codex Dunelmensis [Evangelios] del siglo VII-VIII en Durham; el Codex Lindisfarnensis [Evangelios] del siglo VII-VIII en el British Museum; el Codex Amiatinus [Biblia completa], del siglo VIII, que está en la Biblioteca Laurenciana de Florencia; la Biblia de Mordranme del siglo VIII; la Biblia Toletanus; la Biblia Cavensis del siglo IX; la Biblia Vallicellianus del siglo IX; el Codex Laudianus [Deuteronomio y Ruth] del siglo XI; la Biblia Complutensis del siglo IX; la Biblia Legionensis del siglo X, etc. 

En el año de 1860, animado por el Papa Pío IX, Carlos Versellone después de profundos estudios sobre los originales textos de San Jerónimo, publicó, una obra en varios volúmenes que abarcaban del Génesis a Reyes, llamada VARIAE LECTIONES VULGATAE LATINAE BIBLIORUM EDITIONIS. Dos sabios ingleses, Wordsworth, obispo de Salisbury, y Enrique J. White, hasta 1889, publicaron largos estudios bíblicos, y en 1907 el Papa San Pío X, nombra una comisión pontificia para la revisión y estudio de la Biblia.

La Biblia fue uno de los primeros libros traducidos al francés en el siglo XII, aunque ya desde los siglos VIII y IX se leían versiones en latín. Hay traducciones en el dialecto normando que datan del año 1100. Existe la Biblia Anglo-normanda del siglo XIV, la Biblia del Rey Juan el Bueno, la Biblia de Carlos V, la de Févre de Etaples del siglo XVI, la Biblia de Sacy del siglo XVII, la de Claire y Crampón de 1871 y 1894 respectivamente, etc.

Había además, 19 ediciones de la Biblia en idioma alemán, entre las que están: versión de Faust and Schoffer, 1462, Maniz; la de Johan Mentelin, 1466, Estrasburgo; la de Pflanzmann, 1475, Augsburgo; la de Andreas Frizner, 1470, Nurenberg; la de Gunter Zainer, 1470, Augsburgo; la de Antón Sorg, 1477, Augsburgo; la de Antón Koburger, 1483 Nuremberg; otra de Antón Koburger, 1485, Estrasburgo; la de Hans Setro Schansperger, 1487, Augsburgo; la de Hans Otmar, 1507, Augsburgo; la de Silvan Otmar, 1518, Augsburgo. 

Juan Gensfleisch, conocido comúnmente como Gutenberg, no inventó la imprenta como se cree, pues ya era conocida antes de que naciera, pero asociado con Juan Fust y con Schoefer, la perfeccionaron y su sistema de impresión con letras movibles. Él imprimió la Biblia llamada «de cuarenta líneas» y el Salterio. Murió en 1468.

¿Se han notado las fechas anteriores a Lutero de versiones a disposición del pueblo? Muchos católicos envenenados por los progresistas han llegado a creer que la Iglesia impedía la lectura de la Biblia, pero esta es una calumnia de los protestantes y de los progresistas. Se ha dicho otra cosa contra la Iglesia que se me hace absurda. Que encadenaba las biblias en las bibliotecas. Antiguamente los libros eran encadenados en las bibliotecas. Un libro valía una fortuna y años de trabajo esforzado. 

Todos los libros de la Biblioteca de Florencia, por ejemplo, como los de Malatesta en Cesena estaban encadenados. Los ricos señores cuando morían dejaban sus biblias y otros libros costosos a las bibliotecas públicas, para que el pueblo los leyera libremente. Eran encadenados para evitar robos irreparables a fin de que el pueblo leyera con libertad. Así lo hizo por ejemplo Federico de Heildelberg y el Conde de Ormond. También los protestantes encadenaban sus biblias. En las bibliotecas protestantes de Manchester, Cirencester y Llandadarm, apenas en el siglo XIX, los libros fueron desencadenados y las biblias que allá había.

La Biblia en un libro católico. No es un libro protestante. La Iglesia la formó, la cuidó, la defendió y se preocupó porque llegara a través de la historia a todos los hombres. 

La Biblia inicialmente estaba dividida en libros solamente. Su división en capítulos es de apenas del siglo XIII. Se debe a Esteban Langton [que murió en 1228], profesor de la Universidad de París, luego Arzobispo de Cantorberry y luego Cardenal de la Iglesia. Esta división fue introducida primero en la Biblia llamada «Parisiense» y luego con la aprobación de la Iglesia, en todas las Biblias, hasta en las protestantes. 

Aun así, era complicado el manejo de la Biblia, por lo que en 1551, -¡antes de Lutero!-, el célebre impresor Roberto Estienne y el fraile dominico Pagnini la dividen toda en versículos con la aprobación de la Iglesia, lo cual permanece hasta nuestros días incluso en las “biblias” protestantes. ¡Vergüenza les debería de dar a los jefes protestantes mentir tan cínica y descaradamente manteniendo a sus fieles en la ignorancia!, ¡vergüenza les debería dar a los progresistas decir que la Iglesia descubrió la Biblia luego del Conc. Vaticano II! 

La Iglesia lo que reprobó con suma dureza es la lectura o difusión de las sagradas Escrituras mutiladas o alteradas y sobre esto hay innúmeros documentos del Magisterio -que ahora no mencionaremos-, porque si a alguna institución se debe que la Biblia haya llegado a nuestros días sin alteraciones, es exclusivamente a la Iglesia Católico Romana y no a esa caterva de herejes que sueltos o en montón, la han mutilado o alterado hasta llegar a lo ridículo.

APENDICE II

SAN CLEMENTE ROMANO, año 102 decía: «Vosotros, amados hijos, sabéis bien las sagradas Escrituras, tenéis profundo conocimiento de la Palabra de Dios. ¡Guardadlas para recordarlas!». [Epístola a los Corintios, 53].

SAN POLICARPO DE ESMIRNA, año 156: «Confío en que estén bien versados en las sagradas Escrituras» [Epístola a los Filipos].

SAN JUSTINO MARTIR, año 165: «Siempre nos acompaña nuestro caudillo, la Palabra de Dios» [Epístola a los Griegos, 5].

SAN IRENEO, OBISPO, año 180: «Leed con el mayor empeño el Evangelio…» [En Contra Heréticos, 4, 66].

CLEMENTE DE ALEJANDRIA, año 200: «En la lectura de las sagradas Escrituras, el uno, se fortalece en la fe, el otro, en las costumbres, el tercero, renuncia a la superstición» [Comentario al II de Paralipómenos , 49].

ORIGENES, año 254: «Ojalá que todos cumpliéramos lo que está escrito. Escudriñad las Escrituras» [En Sobre Isaías, Cap. 7].

SAN CIPRIANO, año 256: «El cristiano que tiene fe, se dedica a la lectura de las sagradas Escrituras» [En Sobre los Espectáculos].

¿No es un consejo que cobra actualidad contra esas legiones de hombres que no solamente pierden tantas horas sentadas frente a la televisión o frente a la computadora, sino que se están envenenando el alma con tanta inmoralidad que por medio de esos medios electrónicos penetran hasta los más íntimos lugares de la familia y del alma?, ¿quién es capaz en nuestro tiempo de detener esa paganización y esa bestialización de los hombres?

SAN ANTONIO ABAD, año 356: «Empéñate en leer las sagradas Escrituras, porque ellas te darán amparo» [Instrucción a los monjes].

SAN HILARIO DE POITIERS, año 366: «Dios habla para nosotros y no para sí, en la redacción de Sus Escrituras». [Explicación al Salmo 126].

SAN ATANASIO, año 373: «La Palabra de Dios no se aleje de tu boca, ni de día ni de noche. En todo tiempo consista tu obra en la meditación de las sagradas Escrituras» [Tratado sobre las vírgenes, 12].

SAN EFREN, año 373: «Cuida de leer frecuentemente los Libros Sagrados. Si no sabes leer, recurre a otra persona de la cual puedas oírlos» [Sermón 60].

SAN BASILIO, año 379: «Obedezcamos el mandato del Señor. Es necesario escudriñar las Escrituras» [Del Bautismo, 4].

SAN CIRILO, año 386: «Recrea tu alma con la lectura de los Santos Libros, especialmente en este tiempo de Cuaresma» [Catequesis I].

SAN GREGORIO NAZIANCENO, año 389: «Adquiere los grandes tesoros de ambos Testamentos… emplea toda tu aplicación y celo en leerlos pues en ellos podrás aprender cómo servir al único y verdadero Dios, con ánimo devoto» [Carm. I – I – 12].

SAN AMBROSIO DE MILAN, año 397: «No deje nuestra alma de dedicarse a la lectura de las sagradas Letras» [De Abraham, 5].

SAN JUAN CRISOSTOMO, año 407: «Es necesario no sólo oír la lectura de las sagradas Escrituras en la iglesia, sino leerlas también en casa y hacer que la lectura sea provechosa» [Sobre el Génesis, 9]. «La verdadera causa de nuestros males es la ignorancia de la Palabra de Dios» [Ep. ad Col. 2]. «Aunque no entendáis los secretos de la Escritura, con todo, la simple lectura es saludable» [Sobre Lázaro, 3].

SAN JERONIMO, año 420: «Ignorar las Escrituras, es ignorar al mismo Cristo». [Prólogo sobre Isaías]. «Relee con frecuencia las sagradas Escrituras, aún más, que el Libro santo no se aparte jamás de tus manos. Nos alimentamos con Cristo, no solamente en el Misterio, sino también leyendo las Escrituras» [Ep. 52, 7].

SAN AGUSTIN, año 430: «Leed las sagradas Escrituras porque en ellas encontraréis normas sobre lo que habéis de hacer y evitar» [Sermón 48]. Sin embargo, dice en su carta a Honorio XX, 17: «¿Puede haber algo más orgullosamente temerario que pretender conocer los Libros Santos que contienen los secretos divinos, sin el auxilio de quienes son sus propios intérpretes?». En Sobre San Juan, 26, 12, dice: “El verdadero Cristo se haya entre nosotros, tanto en la Palabracomo en la Carne.

SAN GREGORIO MAGNO, año 604: «¿Qué otra cosa es la sagrada Escritura, sino una carta que el Señor todopoderoso ha querido por su bondad dirigir a la creatura? Aprende por la Palabra de Dios…» [Carta a Teodoreto, 31].

SAN ISIDRO, año 636: «El camino que conduce a Cristo es la sagrada Escritura» [Del Sumo Bien, I, 13].

SAN BEDA, año 735: «Te ruego encarecidamente que te dediques en primer lugar a la lectura de los Libros Sagrados» [Cart. a Wigbert].

PAPA NICOLAS PRIMERO, año 867: «Exhorto a los fieles al descanso dominical para que el cristiano pueda dedicarse a la oración y ocuparse de la sagrada Escritura» [Epist. a los búlgaros].

SAN PEDRO DAMIAN, año 1072: «Dedícate siempre a la lectura de la sagrada Escritura. Entrégate enteramente a esto. Vive y persevera en ello» [Epist. a Steph., 29].

SAN ANSELMO, año 1109: «Nuestro sermón resulta sin provecho… si no tiene su fuente y orientación en las sagradas Escrituras.”

SAN BERNARDO, año 1153: «Si te combaten ejércitos de enemigos, toma la espada del espíritu que es la Palabra de Dios, y con ella, fácilmente alcanzarás la victoria» [Sermón 14].

HUGO DE SAN VICTOR (teólogo), año 1141: «La sagrada Escritura es como un maestro público que siempre ha de estar en medio del pueblo» [Miscel. I].

PAPA INOCENCIO III, año 1216: «Acudamos a las sagradas Escrituras, cada vez que tengamos que luchar con graves tentaciones» [Sermón Cuar. III Dom.]

PAPA GREGORIO IX, año 1241: «Todos tienen que leer o escuchar las sagradas Escrituras, siendo que está probado que la ignorancia de la Escritura ha originado muchos errores y herejías» [Ep. 6 ad Gerranum]

ALEJANDRO DE HALES (teólogo) año 1245: «El fin de tocar la especulación teológica es penetrar profundamente en el conocimiento de la sagrada Escritura» [Sum. T. p. 1].

SAN BUENAVENTURA, año 1274: «Todo nuestro saber debe tener como fundamento el conocimiento de las sagradas Escrituras» [En Las Artes y la Teología].

PAPA CLEMENTE V, durante el siglo XIV, por su iniciativa se enseñaba públicamente el griego, el hebreo, el caldeo y el árabe. En Roma se establecieron incluso, escuelas al aire libre. Se ordenó lo mismo a las universidades católicas de Oxford, Bolonia y Salamanca. La de París también se sumó a este movimiento. La intención de este gran Papa, era hacer brotar por el estudio de estas lenguas un conocimiento más profundo de las sagradas Escrituras. También propuso este Papa que se leyeran las sagradas Escrituras en sus lenguajes originales.

VENERABLE TOMAS DE KEMPIS, año 1471: «Así que me diste como a enfermo, su sagrado Cuerpo… y pusiste para guiar mis pasos, una candela que es Tu palabra. Sin estas dos cosas, ya no podría yo vivir bien» [Imitación de Cristo, IV, 2 ].

PAPA ADRIANO VI, año 1523: «Aunque no quiero obligar a nadie a leerlos, tampoco puedo eximir a todos la lectura de las sagradas Escrituras» [Crítica, 121].

SANTA TERESA, año 1582: «Llegados a verdades de las sagradas Escrituras, hacemos lo que debemos. De devociones a bobas, líbrenos Dios» (Vida, XIII).

SAN FRANCISCO DE SALES, año 1622: «El gustar de la Palabra de Dios, es señal bastante segura de la salud espiritual del alma».

MGR. J. J. OLIER, sulpiciano, año 1650: «La sagrada Escritura es un copón en el cual Dios ha querido esconderse para entregarse a nosotros».

PASCAL, año 1662: «En la Escritura hay bastante luz para iluminar a los que buscan a Dios» [Pensamientos].

MONS. J. B. BOSSUET, año 1704: «El Cuerpo de Cristo en el adorable Sacramento no es más real que la verdad de Jesucristo en la predicación del Evangelio» [A la visitación].

PAPA PIO VII, año 1823: «Nada puede ser más provechoso, más consolador y más confortable para el pueblo, que leer las sagradas Escrituras» [Carta a los Obispos Ingleses].

MONS. TORRES AMAT, obispo y autor de una versión de la Biblia, año 1847: «La Iglesia siempre ha querido y procurado que los fieles lean y mediten las sagradas Escrituras» [Sobre las Escrituras].

Si fuera verdad que la Iglesia ha escondido la Biblia al pueblo, ávida de poder y de hacer lo que le viene en gana, ¿no te parece que sería absurdo esconder un libro en el que se apoya su autoridad divina que manda al pueblo obedecerla?, ¿no son más bien los incoherentes quienes afirman esto?

E. LACORDAIRE, año 1861: «Su vida espiritual me inspira un temor, y es que Ud. no lea nunca, o lea sin provecho las sagradas Escrituras» [Carta a un joven].

CARDENAL GIBBONS, año 1884: «No será necesario recordaros que la sagrada Escritura debe ser el más precioso tesoro en cada hogar, y el que ha de usarse con más frecuencia y cariño» [Concilio de Baltimore].

PAPA LEÓN XIII, año 1903: «Los que deben defender la verdad Católica, sea entre los doctores o entre los ignorantes, no encontrarán en ninguna parte enseñanzas tan amplias como en las sagradas Escrituras» [Encíclica Providentissimus].

SANTA TERESITA DEL NIÑO JESUS, año 1897: «En cuanto a mí, ya no encuentro nada en los libros, si no es en el Evangelio. Este libro me basta» [Novissima Verba].

PAPA SAN PIO X, año 1914: «Queriendo renovarlo todo en Cristo nada deseamos más, que nuestros hijos se acostumbren a tener la sagrada Escritura para la lección cotidiana».

PAPA BENEDICTO XV, año 1922: «Los más preciosos servicios se prestan a la causa católica, por aquellos que en diversos países han puesto y ponen lo mejor de su celo en difundir…el Nuevo y el Antiguo Testamento» [Spiritus Paraclitus]. En una carta a la organización inglesa THE CATHOLIC TRUTH SOCIETY, afirmaba este Papa: «No fue motivo de pequeño consuelo para el Santo Padre, el conocer la obra de la Sociedad y su diligencia en propagar más y más los ejemplares de las sagradas Escrituras y de los Evangelios, multiplicando esos ejemplares para que lleguen a las manos de todos los hombres de buena voluntad… De todo corazón, por consiguiente, Su Santidad bendice a todos aquéllos que han puesto su cooperación en tan excelente trabajo: y encarecidamente exhorta a todos a perseverar con ardor en tan santa empresa».

L. CL. FILION: «Los sacerdotes no se dan cuenta perfecta del bien que puede producir en los laicos, la lectura de las sagradas Escrituras hecha con buenas disposiciones» [Etudes, B. 107].

CARDENAL DUBOIS: «Demasiado tiempo se ha descuidado el uso diario de la lectura de los Libros santos, como alimento espiritual» [Prefacio de la Biblia].

CARDENAL GOMA, año 1938: «El primer deber del predicador, es estudiar las sagradas Escrituras» [Biblia y Predicación].

MONS. LUIS CIVARDI: «Se impone un retorno a los orígenes, es necesario abrir el libro de los Evangelios» [Dirección de Acción Católica].

PAPA PIO XII, año 1958: ¿Qué cosa hay más sublime que escudriñar, explicar, exponer…la Palabra misma de Dios, dada a los hombres por inspiración del Espíritu Santo? Vivir entre esto, sólo es como buscar, ¿no parece así ya habitar en la Tierra el Reino de los Cielos? [Encíclica Divino Aflante].

En el libro protestante COMPENDIO MANUEL DE LA BIBLIA, pág. 16 y siguientes, se dan testimonios a favor de la lectura y conocimiento de las sagradas Escrituras de hombres famosos en la historia humana. La inmensa mayoría de estos testimonios son de católicos-romanos.

Los testimonios que he aportado, no son ni lejanamente exhaustivos. ¡Hay mucho más, mucho más en increíble cantidad! ¡Cómo se atreven los protestantes a decir que la Iglesia Católica ha prohibido la lectura de la Biblia, o que le ha escondido la Biblia al pueblo! Se necesita ser muy ignorante para decirlo. Y ¿cómo se atreven los progresistas a decir que la Iglesia después del Conc. Vaticano II «descubrió» la Biblia?, ¿no han llegado algunos hasta a decir que esto se lo debemos los católicos al Protestantismo?

Es cierto que luego del Conc. Vaticano II se ha promovido la lectura de la Biblia, pero en una forma desviada que está arrancando la Fe al pueblo y que está destruyendo la unidad de Doctrina y la unidad de espíritu requerida por San Pablo, por los Apóstoles y por el mismo Cristo. Basta comprender la técnica que están usando para lograr esto.

Primero, se promueven los grupos en los que «dizque» se estudian las sagradas Escrituras. Como es de suponer, esa cantidad de grupos bíblicos, no pueden ser supervisados en ninguna forma. Suponiendo que veinte grupos de estos se reúnen un día a estudiar sobre el mismo texto, a discutir y a expresar diversísimas opiniones, que no son más que los sistemas luteranos de la libre interpretación personal, llevados a estos grupos progresistas de «estudio»

¿Cuál puede ser el resultado de esta baraúnda?, pues muy sencillo. Que los reunidos en cada una de esa células, salen con muy distinta opinión y doctrina deducidas del mismísimo texto. ¿No es esta una verdadera atomización de su “iglesia” propiciada por los mismos que se dicen sus pastores?, ¿esto es progreso, es esto un avance en el conocimiento de la Palabra de Dios, o lo que está sucediendo realmente es que la confusión de Babel está invadiendo por todas partes, reforzada por la soberbia humana que quiere imponer las propias opiniones y por ese prurito moderno de seguir opiniones más que doctrinas?, ¿qué ha producido el Vaticano II que haya sido provechoso para la Iglesia? [Nada].

La bestializada humanidad de hoy, ha perdido el interés por las cosas del espíritu y participa con excelencia de los cinco sentidos con cinco animales: del lince la vista; del cerdo el oído; de la mona el gusto: del buitre el olfato; de la araña el tacto.

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